Calaveritas de la inteligencia artificial
La inteligencia artificial ya se metió a la tarea, al taller y hasta a la bocina de la sala. La Catrina, que de novedades no se asusta, llegó a probar el aparatito y acabó dándole consejos. Aquí la calaca discute con programas, robots y filtros, y siempre se queda con la última palabra.
¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con
el nombre y los detalles que tú quieras.
El programa que todo lo sabe
Un programa muy sabiondo
contestaba desde el fondo;
si le hablabas de la muerte
te sacaba un dato inerte.
Llegó la flaca a probarlo
y se puso a preguntarlo:
-¿Cuánto tiempo me he tardado?
Contestó: -Es reservado.
-Contéstame con certeza
-dijo, alzando la cabeza-:
¿A qué hora vengo por ti?
-Nunca -dijo-, no morí.
La Catrina se rio harto
y jaló el cable del cuarto;
se apagó sin decir nada,
sin su frase preparada.
El de la tarea
Le pidió a la maquinita
la tarea de la escuela;
y la entregó tan bonita
que asustó a la maestra Estela.
La maestra ya sospechó
al mirar tanto primor;
y en el margen le anotó:
-Aquí anduvo otro escritor.
Llegó la flaca al salón
con la lista en la mochila:
-Vengo por el holgazán
que no aprende ni una fila.
Se lo trajo sin cuaderno
a un salón muy especial,
donde el ciclo es sempiterno
y la tarea es manual.
La calaca se hace viral
La Catrina se hizo cuenta
y en la red se puso atenta;
se filmó bailando un rato
y subió su autorretrato.
Le llegaron seguidores
de mil tierras y colores;
la copiaban de a montón
con maquillaje y cartón.
Le pidieron que enseñara
el secreto de su cara;
-Es muy fácil -contestó-,
a mí nadie me pintó.
Un filtro la puso viva
con carita muy activa;
se enojó la calavera
y borró la red entera.
El robot del taller
Llegó un robot al taller
a moverse sin comer;
y no pide su aguinaldo
ni descanso, ni un respaldo.
Al obrero don Ramiro
lo mandaron al retiro;
y el robot, en su lugar,
se quedó sin descansar.
La huesuda entró a la nave
con su lista y con su llave;
buscó al hombre y no lo halló
y al robot se le acercó.
-Tú no tienes qué entregarme
ni un suspiro que llevarme.
Y el robot, tan aplicado,
le hizo el turno adelantado.
Hoy la muerte no hace nada
y el robot cumple jornada;
ella cobra su salario
y él le lleva el calendario.
La abuela y la bocina
Doña Cuca le compraron
un cilindro que contesta;
sus nietos se lo instalaron
y ella le hizo hasta la fiesta.
Le platicaba en las tardes
del difunto y del dolor;
y el cilindro, sin alardes,
le contaba del calor.
Una noche preguntó:
-¿Tú conoces a la muerte?
y el cilindro contestó
que no sabe de esa suerte.
Pero entró por la ventana
la Catrina, de visita;
se sentó como una hermana
a escuchar a la viejita.
Se quedaron platicando
hasta que el sol despuntó;
y el cilindro, ahí grabando,
una copla se aprendió.
El mensaje prestado
Le pidió a la inteligencia
un consejo con urgencia;
que le hiciera un mensajito
para el amor infinito.
El mensaje iba precioso
con un cierre primoroso;
ella dijo: -Qué bonito,
no lo escribes tú, mijito.
Y llegó la calavera
con su libro y su mollera:
-Yo te dicto lo que sientes
si me pagas con tus dientes.
Aceptó el enamorado
y quedó bien despachado;
hoy le escribe desde el hueco
y ella guarda todo el eco.
La máquina que hace versos
Le pidieron al programa
que rimara con la dama;
y sacó cuarenta versos
todos flojos y dispersos.
La Catrina los leyó
y de risa se dobló;
-Te faltó lo más sabroso:
el cariño y lo chistoso.
El programa se ofendió
y otras mil le redactó;
la huesuda bostezaba
mientras tanto, y no aguantaba.
Al final se lo llevó
y el enchufe le jaló;
la calaca, en su cuaderno,
escribió con pulso tierno.
💀 Crea tu propia calaverita con nombre o explora
más calaveritas literarias.