Calaveritas literarias para papá
Los chistes que solo a él le dan risa, el control remoto que nadie le quita y el partido del domingo que no se pierde por nada: papá tiene todo para protagonizar una buena calaverita. Aquí van varias calaveritas literarias para papá, con rima, cariño y esa burla noble que solo se le hace a quien se quiere mucho. Perfectas para la ofrenda de Día de Muertos o para leerlas en la carne asada familiar.
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Los chistes de mi papá
Mi papá, don Salvador,
cuenta chistes sin rubor;
los repite cada rato
y se ríe hasta el zapato.
Vino la muerte a llevarlo
y él, en vez de suplicarlo,
le contó veintiocho chistes,
de los buenos y los tristes.
La calaca aguantó siete,
se rio con el del billete,
y al llegar al veintitrés
se cayó de su revés.
Hoy mi padre, muy sereno,
tiene un público de hueso:
en el panteón, cuando es bueno,
le aplauden hasta el receso.
Papá y el fútbol
Don Fernando Quintanilla
no se pierde ni un partido:
grita, salta de la silla
y se sabe cada silbido.
Se sentó la calavera
a mirar el segundo tiempo,
y gritó como cualquiera
cuando entró el gol a destiempo.
Se olvidó de su trabajo,
se comió los cacahuates,
y se fue, con desparpajo,
prometiendo más combates.
Hoy mi padre y la huesuda
ven los juegos del domingo;
ella grita, sin ayuda,
y él celebra su respingo.
El control remoto
Mi papá tiene un tesoro
que defiende con la vida:
es el mando, todo de oro,
su corona consentida.
Se lo quiso llevar la muerte
y salió muy derrotada;
hoy le pide, con buena suerte,
que le preste una pasada.
Don Genaro y su caja de herramientas
Don Genaro Peñaloza
todo arregla con su caja:
la licuadora, la loza,
la gotera y la baraja.
Vino la flaca a su taller
con la hoz por componer;
don Genaro, en un ratito,
la dejó como un juguete
y le puso hasta un machete.
Agradecida, la calaca
le firmó su garantía:
-Mientras sirva mi matraca,
tú te quedas, vida mía.
El papá que siempre ayuda
Mi papá llega cansado
del trabajo y del calor;
pero siempre, de buen grado,
me ayuda con lo peor.
Vino la muerte una noche
a decirle: -Ya es la hora.
Él pidió: -Dame un derroche,
que mi hija estudia ahora.
La huesuda se sentó,
ayudó con la maqueta,
y al final se le olvidó
para qué trajo la libreta.
La carne asada
Mi papá prendió el carbón
y la flaca se acercó;
le sirvió del costillón
y hasta hoy no se marchó.
El papá que no se pierde nada
Don Joaquín no se ha perdido
ni un festival de la escuela:
va formado, va vestido,
con su cámara en la vela.
Vino la muerte al evento
a llevarse a don Joaquín;
él le dijo: -Un solo intento:
déjame ver hasta el fin.
Se quedó la flaca al baile,
aplaudió el número entero,
y se fue con el detalle
de volver el mes primero.
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