Calaveritas literarias para amigos
Nada como una calaverita para recordarle a un amigo todo lo que le aguantamos con cariño: la impuntualidad, los chismes, el dominó y las noches de risas. Estas calaveritas literarias para amigos están escritas con rima y humor afectuoso, para dedicarlas en una fiesta de Día de Muertos, en el chat del grupo o en una ofrenda compartida. Cambia los nombres por los de tu banda y quedarán como anillo al dedo.
¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con
el nombre y los detalles que tú quieras.
El compadre Beto
Mi compadre Beto Lara,
el de risa siempre clara,
prometió, con mucho brío,
no dejarme en el gentío.
Vino a verlo la Catrina
una noche de neblina;
él le dijo: -Ven, pasemos,
que hay tamales, los comemos.
Se sentaron a contar
chistes viejos de la infancia;
la huesuda, sin pensar,
se quedó con la ganancia.
Y al final, ya de mañana,
confesó la soberana:
-Vine a hacer mi comisión
y me llevo el corazón.
La banda del barrio
Éramos siete de banda
en la esquina de Zaragoza:
Toño, Meche, Juan y Wanda,
Lupe, Chuy y la Mendoza.
Llegó la flaca a la esquina
preguntando quién se mueve;
contestamos: -Determina,
que aquí manda el que se atreve.
Se llevó a los siete juntos
en un solo camión,
y hoy la esquina, entre difuntos,
sigue haciendo su reunión.
Mensaje de la flaca
Me mandó la flaca un texto
a las tres de la mañana:
avisa a tu amigo Ernesto
que lo espero en la campana.
Le contesté: -No hay manera,
mis amigos son de fierro;
si te llevas a cualquiera,
vamos todos, como un cerro.
La amiga que todo lo sabe
Mi comadre Male Fuentes
sabe cosas diferentes:
quién se casa, quién se fue,
quién no paga su café.
Fue la muerte por su vida
y salió desprevenida:
en dos horas de charleta
le contó hasta su receta.
Ya de tanto ser contada
se quedó la flaca hallada,
y hoy le habla cada rato
para el último dato.
El amigo impuntual
Rigoberto Santillán
jamás llega en el afán:
si lo citas a las tres,
se aparece para el mes.
Vino la muerte a buscarlo
un domingo, sin hallarlo;
esperó bajo el farol
desde el alba hasta el sol.
Se cansó de tanta espera
y le dejó una pulsera:
-Cuando quieras, aquí estoy;
tú me avisas y me voy.
Y hoy la flaca, tan formal,
tiene un gesto sin igual:
llega tarde a los panteones
por costumbre y por razones.
Brindis
Que levanten su tequila
por los cuates de verdad;
si la muerte nos afila,
nos morimos de amistad.
Los amigos del dominó
En la mesa de Chalito
se juntaban a jugar
Nacho, Beto y Ramoncito,
sin dejarse ni ganar.
Se sentó la muy huesuda
con la mula del seis doble;
los dejó sin más ayuda
y ganó de modo noble.
Hoy se juegan la revancha
en un patio del panteón;
la calaca, ancha ancha,
reparte cada montón.
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