Calaveritas de redes sociales e influencers

Las redes ya son parte del velorio y de la fiesta: todo se sube, todo se comenta y nadie se aguanta. La Catrina abrió su cuenta y resultó que le va bastante bien. Aquí van versos para la del gimnasio, para el de los audios eternos y para el grupo de la familia.

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La del gimnasio

Una chica del gimnasio se grababa muy despacio; cada pesa que cargaba en la nube la dejaba. Le llegó la descarnada con mallita y con mirada: -Vengo a hacer tu rutina -dijo- y te dejo en la esquina. Levantaron pesas juntas sin quejidos ni preguntas; la huesuda no sudó porque nunca se cansó. Se llevó a la entrenadora y le dijo, seductora: -Ya tenías el cuerpazo y te faltaba el abrazo. Hoy transmite desde el hueso y no sube ni de peso; ya la siguen los difuntos y hacen sentadillas juntos.

El que vive del aplauso

Todo lo que le pasaba en la red lo publicaba; el desayuno, el camión y hasta el mal del corazón. Iba contando el aplauso y si el número era escaso se ponía de mal modo y borraba casi todo. Llegó la muerte a su muro con un mensaje muy duro: -Yo te doy el mejor trato: mil aplausos y un retrato. Aceptó sin preguntar y se puso allí a posar; hoy su foto es la más vista en la esquela de la lista.

El baile de la calaca

Se aprendió el baile de moda la Catrina, y bailó toda; se grabó de madrugada en una calle empedrada. Se hizo viral esa noche sin pagar ningún derroche; la copiaron en la escuela y en la fiesta de la abuela. Le ofrecieron un contrato por salir en un retrato; ella dijo: -No, señores, yo no cobro mis favores. -Yo me llevo al que se mueve y al que mira y no se atreve; que allá abajo, en mi terreno, todos bailan y sin freno.

El grupo de la familia

En el chat de la familia hay de todo y hay vigilia; buenos días con sus flores y cadenas de temores. La tía manda receta y el primo manda indirecta; el abuelo, un buen consejo y un video ya muy viejo. Se metió la calavera y saludó de manera tan amable y tan cortés que la hicieron jefa, pues. La huesuda dio el aviso de un pequeño compromiso: -El que mande una cadena se me viene con la cena. Desde entonces, en el grupo, nadie escribe lo que supo; solo un rezo por la tarde y un buen día, ya muy tarde.

El de los audios

Don Beto no escribe nada, todo manda en voz grabada; diez minutos de saludo y otros diez de puro embudo. Nadie se los ha escuchado ni la vez que fue apurado; y su esposa, muy prudente, los brincaba de repente. Llegó la muerte por él con su lista y su papel; le mandó un audio primero que él no oyó ni por dinero. La calaca lo esperó y otro audio más le mandó; ya llevaba muchas horas y siguieron las demoras. Hoy los dos allá platican y por audios se replican; la eternidad les alcanza para oír tanta romanza.

La que retrata la comida

No probaba ni un bocado sin dejarlo retratado; y la sopa se le enfriaba mientras ella la enfocaba. Un buen día, en el mercado, le sirvieron un guisado; y al alzar el aparato salió la flaca en el plato. -Ya tomaste tu retrato -le dijo-, disfruta el rato; que allá abajo, te lo juro, no hay señal ni pan seguro. Se acabó todo el guisado sin subir ni un resultado; y la muerte, agradecida, le dejó tantita vida.

El del sorteo

-Síganme -pedía a gritos- en videos infinitos; prometía un gran sorteo que jamás llegó, yo creo. La huesuda le escribió y de golpe lo siguió; le mandó su corazón y también su invitación. -Ya tienes tu seguidora -le anunció-, y desde ahora no me sueltes ni un momento que yo nunca me arrepiento. El sorteo se cumplió y la flaca lo ganó; se llevó el premio mayor y de paso, al locutor.

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