Calaveritas literarias para Aldo
Aldo es de los que no sueltan lo que empiezan, ni el balero ni la chamba. La flaca lo ha buscado en la caseta del velador, entre cables, en la veterinaria y hasta en plena pista de baile, y siempre se va con las manos vacías. Aquí van calaveritas para dedicarle.
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Aldo y su balero
Aldo trajo su balero
y lo clava el día entero;
la calaca lo intentó
y en la frente se pegó.
Aldo le enseñó la maña
con la cuerda y con la caña;
la calaca, con soltura,
lo clavó con travesura.
Se pusieron a jugar
sin parar y sin contar;
se olvidó de su tarea:
llevarse a quien ella vea.
Aldo, mi papá
Aldo es mi papá querido
y me tiene consentido;
vino la flaca a cobrar
lo que no supo esperar.
Le sirvió un plato de caldo
y le dijo: -Mire, soy Aldo,
el que paga y el que fía,
y el que aguanta todavía.
Le llenó de nuevo el plato
y charlaron largo rato;
se fue la flaca sin nada
con la panza bien llenada.
Aldo en la caseta
Aldo vela por la noche
con su termo y con su coche;
la Catrina se metió
y la lámpara prendió.
Aldo le gritó: -¿Quién vive?
y contesta: -Nadie vive;
Aldo le pidió gafete
y la echó como un cohete.
Regresó a las cuatro en punto
con permiso y con asunto;
Aldo estaba bien dormido
y ella hizo el recorrido.
Aldo y los cables
Aldo arregla el apagón
con su escalera y cordón;
la calaca lo llamó
porque el foco le tronó.
Fue a la casa de la flaca
con su caja y su matraca;
halló el cable sin forrar
y no lo quiso tocar.
Le cambió todos los cables
con sus modos agradables;
y llegó por fin la luz,
y la flaca fue a su cruz.
Aldo y el perro de la flaca
Aldo cura a los perritos
y a los gatos chiquititos;
la Catrina fue a curar
su perrito sin ladrar.
Era un perro de hueso puro
sin pellejo y sin apuro;
Aldo le puso vacuna
y collar de media luna.
El perrito se curó
y a la flaca abandonó;
hoy le ladra a la Catrina
y se duerme en su cocina.
Aldo y el sonidero
Aldo pone el sonidero
con sus bocinas de acero;
la Catrina se coló
y en la pista se plantó.
Le pidió una cumbia lenta
y otra de las de setenta;
Aldo le puso el sonido
y bailó como perdido.
Se le cayó la quijada
y una costilla arqueada;
Aldo se la fue a pegar
y le cobró por bailar.
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