Calaveritas literarias para Alexis

Alexis siempre anda entre la travesura y la buena suerte, y a la huesuda eso le llama la atención. Aquí lo persigue en el salón, en la ofrenda de la escuela, en la pista de baile y hasta frente al espejo. Léelas en voz alta y verás cómo se ríe el Alexis de tu casa.

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Alexis y la tarea

Alexis no hizo tarea por jugar en el jardín; y hoy le tiembla hasta la idea de llegar y ver el fin. La calaca lo esperaba con el libro en la mochila; y en voz baja le soplaba la respuesta de la fila. Alexis fue al pizarrón con el gis entre los dedos; contestó como un campeón y borró todos los miedos. La maestra, agradecida, le aplaudió la contestada; la calaca, muy movida, se llevó solo la entrada.

Alexis y la ofrenda de la escuela

Alexis puso una ofrenda en el patio de su escuela, con papel picado y prenda de su abuelo y de su abuela. Le puso pan y tamales, su retrato y su bastón, y los dulces principales que comía de a montón. Llegó la flaca de noche a mirar el altarcito; se comió, sin un reproche, todo el pan y el dulcecito. Alexis, al otro día, vio el altar todo vacío; la calaca le escribía: -Estuvo bueno, hijo mío.

Alexis, mi buen amigo

Alexis, mi buen amigo, el que siempre dice sí, hoy te escribo y te bendigo con un verso para ti. La flaca te anda siguiendo desde el año que pasó; pero yo le voy diciendo que tu tiempo no llegó. Te guardé tu silla vieja, tu sombrero y tu canción, y la puerta sin la reja por si vuelves al fogón. Y si un día se te antoja irte con la calavera, dile que la vida es floja y que espere allá en la acera.

Alexis, chambelán

Alexis fue chambelán en los quince de su prima; ensayó como un galán el vals con la mejor rima. Llegó la flaca al salón con su vestido brillante; se metió en el pelotón y bailó como danzante. Alexis salió a bailar sin saber con quién bailaba; y en la vuelta principal una costilla soltaba. La Catrina juntó el hueso y siguió con el danzón; se llevó hasta el primer beso y el aplauso del salón.

Alexis frente al espejo

Alexis tarda en salir, se arregla más que su hermana; y la flaca, sin dormir, lo esperó hasta la mañana. Se peinó cuarenta veces, se cambió de pantalón, se tardó dos o tres meses en hallar su chaquetón. La huesuda, ya cansada, se quedó en el zaguán; se acostó sobre la entrada y roncó como un volcán. Alexis salió a las nueve oliendo a limón y a flor; la huesuda ni se mueve: se fue en busca de otro amor.

Alexis y el chile

Alexis dice que aguanta el chile más picosito; se echa salsa a la garganta y no suelta ni un gritito. Llegó la flaca al mercado con un chile bien manzano: -Si te comes el bocado te perdono, buen cristiano. Alexis mordió el manzano, se le puso el ojo rojo; sudó frío, alzó la mano y bebió con puro enojo. Pero Alexis no lloró, se acabó hasta la semilla; la Catrina se rindió y se fue por su tortilla.

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