Calaveritas para la maestra
Dedicarle una calaverita a la maestra es de las cosas que más se agradecen en noviembre. Estas están escritas en femenino y con tono cariñoso, para que un alumno las lea frente al grupo sin que nadie se sienta mal. Hay para la miss de kínder, para la de español, para la de matemáticas y para la titular que se sabe el nombre de todos.
¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con
el nombre y los detalles que tú quieras.
La miss del salón pequeño
La miss del salón pequeño
nos enseña a saludar,
a pintar con mucho empeño
y a formarnos sin gritar.
Llegó un día la Catrina
con su bata y su mochila;
se sentó, muy chiquitina,
la más flaca de la fila.
La miss le pidió su nombre,
le prestó una cartulina,
y la flaca, sin renombre,
escribió con letra fina.
Se quedó como ayudante,
repartiendo la merienda,
y hoy la miss, tan importante,
le enseñó a leer la agenda.
La maestra de español
La maestra de español
nos corrige hasta el aliento;
si le escribes sin control,
te devuelve el documento.
Llegó la muerte al salón
con su lista y su renglón;
la profe se la leyó
y tres faltas le marcó.
-Aquí le falta un acento,
y esta coma va después;
repita usted el intento
y me la entrega otra vez.
La calaca, arrepentida,
corrigió su lista escrita;
y hoy escribe, agradecida,
con la letra más bonita.
La maestra Margarita
La maestra Margarita,
la que enseña a dividir,
suma, resta y solicita
que aprendamos a medir.
Llegó la flaca al salón
con su cuenta y su razón;
la maestra la sentó
y un problema le apuntó.
-Si te llevas a los treinta
y regresas veintitrés,
¿cuántos faltan en tu cuenta?
Saque el número al revés.
La calaca hizo la cuenta
con los dedos, otra vez;
se tardó como hora y treinta
y sacó su primer diez.
La titular del grupo
La maestra titular,
la que sabe cada historia,
la que nos hace formar
y nos guarda en su memoria.
Vino la muerte a buscarla
con la lista del salón;
no logró ni saludarla,
porque estaba en formación.
La formaron, le dio pena,
se quedó en la fila ajena,
y la profe, muy cortés,
le prestó papel después.
Pasó lista la señora,
nadie faltó, ni la muerte;
la apuntó como deudora
y le cambió hasta la suerte.
La miss de inglés
La miss de inglés, muy formal,
nos regaña sin igual;
si le hablas en español
te lo cambia sin control.
Vino la muerte a su clase
a llevársela de viaje;
la miss dijo: -Antes que pase,
dígame usted su mensaje.
La calaca, muy nerviosa,
contestó de mala gana;
se trabó con cada cosa
y lo dejó pa mañana.
Hoy la muerte va a la escuela
y en inglés ya se desvela;
saluda con buen acento
y se lleva al que anda lento.
La maestra del silbato
La maestra del silbato,
la que corre más que todos,
nos levanta a cada rato
y nos saca de los lodos.
Llegó la flaca a la cancha
resbalando con su plancha;
la maestra la formó
y en la vuelta la dejó.
Dieron vueltas por la pista,
la calaca se cansó;
se sentó, perdió la vista,
y de plano se durmió.
La maestra, ya tranquila,
la tapó con la bandera;
la dejó en la última fila
y siguió su clase entera.
Verso para mi maestra
Maestra de mi salón,
la de gis y de paciencia,
le mandé mi corazón
en un verso de su ciencia.
La Catrina la buscaba
con su lista y su bastón;
todo el grupo la tapaba
detrás de aquel cartelón.
-No se lleva a la señora
-le gritamos en montón-,
que ella es nuestra defensora
y la voz de este salón.
La calaca, conmovida,
se guardó su calavera;
y nos dijo, de salida:
-Se la dejo un siglo entera.
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