Calaveritas literarias para Verónica

Verónica lleva un nombre largo y en la casa se vuelve Vero en un segundo. La huesuda ha intentado llevársela del consultorio, del tianguis y hasta de la junta de la tanda, y siempre acaba pagando lo que debe. Aquí van calaveritas para las Verónicas que ponen orden donde pisan.

¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con el nombre y los detalles que tú quieras.

Vero y su compás

Vero saca su compás para el círculo perfecto; lo repite una vez más hasta que le sale recto. Se asomó una calaquita por la orilla del cuaderno; pidió ayuda, muy solita, con un gesto medio tierno. Vero le enseñó a sumar, con canicas y frijoles; la calaca, al terminar, ya contaba caracoles. Se fue tan agradecida que dejó una calavera de azúcar, recién salida, en la banca delantera.

Vero, mi hermana mayor

Vero es mi hermana mayor, la que cura mi dolor; me peinaba pa la escuela y me hacía la canela. Llegó la flaca a la puerta, con la lista ya bien cierta; Vero le sirvió un tamal y le preguntó qué tal. La huesuda se sentó, y de tanto que lloró, se olvidó de su encomienda y se quedó de merienda. Cuando Vero se despida, no habrá pena ni caída; irá al frente, muy valiente, con la flaca de pariente.

Vero, la contadora

Vero saca las facturas y le cuadra hasta el centavo; no perdona travesuras ni al patrón, ni al que es más bravo. Llegó la muerte a auditar con carpetas y con sellos; y a Vero quiso llevar por deudas de sus abuelos. Vero revisó el papel, le encontró un error de resta; le marcó con su pincel cada cuenta mal compuesta. La flaca salió sudando a arreglar sus expedientes; y ahí sigue, batallando, con la lista de pendientes.

Vero, la veterinaria

Vero cura a los perritos y a los gatos descuidados; les regala unos mimitos y los deja vacunados. Fue la flaca con su perro, un cuiji medio pelón; lo cargaba como un cerro envuelto en su cobijón. Vero lo desparasita, le da croqueta y cariño; y el perrito resucita y le brinca como niño. La calaca lloró un rato, y pagó con puros huesos; hoy le cuida cada gato y le espanta a los traviesos.

Vero y la tanda del barrio

Vero organiza la tanda de la cuadra y la oficina; cobra el lunes, nadie manda más que Vero en esa esquina. La huesuda entró a la lista y pidió su numerito; se llevó, como turista, todo el bote completito. Pero luego no pagaba, se escondía cada mes; Vero nunca se cansaba, la buscaba del revés. La alcanzó en el camposanto, con recibo y con testigo; y la muerte, con espanto, le pidió seguir de amigo.

Vero, la del tianguis

Vero vende ropa usada los domingos en la calle; la tiene bien apilada pa que a todos les dé talle. Llegó la flaca a probarse un vestido de color; nada quiso acomodarse por su talla, la peor. Vero sacó su costura, le ajustó por la cadera; le fajó bien la cintura y le entró de otra manera. Salió la muerte de estreno, presumiendo en el andén; hoy le aparta lo más bueno y le paga bien también.

💀 Crea tu propia calaverita con nombre o explora más calaveritas literarias.