Calaveritas literarias para Yolanda

A Yolanda le dicen Yola y así responde hasta dormida. La Catrina lleva rato buscándola y siempre se le va de las manos. Aquí quedan sus calaveritas, para el altar, para el salón o para la reunión de la cuadra.

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Yola y las planas

Yolanda alza la manita cada vez que hay preguntita; nunca deja de aprender ni le teme al buen deber. La Catrina entró al salón sin permiso ni razón: -Yo vengo por la estudiosa que se pinta de ingeniosa. Yola le sacó el cuaderno con sus planas del invierno: -Cópiemelas, por favor, y me voy sin más dolor. La flaca empezó a copiar sin poderse enderezar; va en la plana veintitrés y no acaba, ya lo ves.

Yola, la que nos levanta

Yola, la que nos levanta cuando el ánimo no aguanta; la que presta su rebozo y comparte todo el gozo. Se metió la flaca al huerto con su plan medio encubierto; yo le eché a los dos perritos y salió pegando gritos. Regresó al día siguiente disfrazada de pariente; la sentaste a merendar y no la dejaste hablar. Le contaste tus historias, tus recetas y memorias; se durmió antes del café y hasta el día de hoy no sé.

Yola apaga el incendio

Yola trepa la escalera con manguera y con tijera; se quemaba la bodega y la flaca ahí se pega. -Yo vengo por mi cosecha que ya viene por derecha; háganse ustedes a un lado que ya tengo mi mandado. Yola le soltó el chorrote que la tiró de un rebote; la Catrina, remojada, se quedó sin la jugada. Ya sin lumbre y sin encargo se marchó con paso largo; hoy no sale sin paraguas por temor a nuestras aguas.

Las botas de la muerte

Yola compone zapatos y los deja bien baratos; llegó la muerte descalza y con una pata falsa. -Traigo el hueso reventado de andar mucho en el mandado; hágame un par resistente que camino con la gente. Yola le midió la planta, pues era puro hueso y manta; le hizo un par de botas nuevas con suela para mil pruebas. Le quedaron tan pesadas que anda a puras arrastradas; ya no alcanza ni la esquina y no llega a la vecina.

Yola y sus abejas

Yola cuida sus abejas y les cuenta hasta sus quejas; llegó la muerte por miel con su frasco y su papel. -Quiero un kilo de la buena, de esa miel oscura y llena; que ando amarga de tan seca y me suena la muñeca. Yola abrió el panal con calma, sin sombrero y sin la palma; la Catrina se acercó y el enjambre la corrió. Corrió cuadras y sembrados con dos piquetes marcados; y ya no vuelve al lugar ni se atreve a trabajar.

El boleto de la flaca

Yola vende los boletos para viajes bien completos; se formó la calavera con maleta y con cartera. -Quiero un viaje a donde sea, donde nadie me lo vea; que ya estoy de vacaciones y me sobran las razones. Yola le buscó en la lista un paquete de turista; con hotel, playa y comida y una hamaca bien tendida. Se marchó la muy contenta sin dejar razón ni cuenta; y aunque el mes ya se acabó la señora no volvió.

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