Calaveritas literarias para Yolanda
A Yolanda le dicen Yola y así responde hasta dormida. La Catrina lleva rato buscándola y siempre se le va de las manos. Aquí quedan sus calaveritas, para el altar, para el salón o para la reunión de la cuadra.
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Yola y las planas
Yolanda alza la manita
cada vez que hay preguntita;
nunca deja de aprender
ni le teme al buen deber.
La Catrina entró al salón
sin permiso ni razón:
-Yo vengo por la estudiosa
que se pinta de ingeniosa.
Yola le sacó el cuaderno
con sus planas del invierno:
-Cópiemelas, por favor,
y me voy sin más dolor.
La flaca empezó a copiar
sin poderse enderezar;
va en la plana veintitrés
y no acaba, ya lo ves.
Yola, la que nos levanta
Yola, la que nos levanta
cuando el ánimo no aguanta;
la que presta su rebozo
y comparte todo el gozo.
Se metió la flaca al huerto
con su plan medio encubierto;
yo le eché a los dos perritos
y salió pegando gritos.
Regresó al día siguiente
disfrazada de pariente;
la sentaste a merendar
y no la dejaste hablar.
Le contaste tus historias,
tus recetas y memorias;
se durmió antes del café
y hasta el día de hoy no sé.
Yola apaga el incendio
Yola trepa la escalera
con manguera y con tijera;
se quemaba la bodega
y la flaca ahí se pega.
-Yo vengo por mi cosecha
que ya viene por derecha;
háganse ustedes a un lado
que ya tengo mi mandado.
Yola le soltó el chorrote
que la tiró de un rebote;
la Catrina, remojada,
se quedó sin la jugada.
Ya sin lumbre y sin encargo
se marchó con paso largo;
hoy no sale sin paraguas
por temor a nuestras aguas.
Las botas de la muerte
Yola compone zapatos
y los deja bien baratos;
llegó la muerte descalza
y con una pata falsa.
-Traigo el hueso reventado
de andar mucho en el mandado;
hágame un par resistente
que camino con la gente.
Yola le midió la planta,
pues era puro hueso y manta;
le hizo un par de botas nuevas
con suela para mil pruebas.
Le quedaron tan pesadas
que anda a puras arrastradas;
ya no alcanza ni la esquina
y no llega a la vecina.
Yola y sus abejas
Yola cuida sus abejas
y les cuenta hasta sus quejas;
llegó la muerte por miel
con su frasco y su papel.
-Quiero un kilo de la buena,
de esa miel oscura y llena;
que ando amarga de tan seca
y me suena la muñeca.
Yola abrió el panal con calma,
sin sombrero y sin la palma;
la Catrina se acercó
y el enjambre la corrió.
Corrió cuadras y sembrados
con dos piquetes marcados;
y ya no vuelve al lugar
ni se atreve a trabajar.
El boleto de la flaca
Yola vende los boletos
para viajes bien completos;
se formó la calavera
con maleta y con cartera.
-Quiero un viaje a donde sea,
donde nadie me lo vea;
que ya estoy de vacaciones
y me sobran las razones.
Yola le buscó en la lista
un paquete de turista;
con hotel, playa y comida
y una hamaca bien tendida.
Se marchó la muy contenta
sin dejar razón ni cuenta;
y aunque el mes ya se acabó
la señora no volvió.
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