Calaveritas literarias para Zoe
A Zoe la trae en la mira la Catrina desde hace rato, pero siempre se le escapa entre el trabajo y las risas. Aquí van versos con su nombre, listos para el altar, para el salón de clases o para leerlos en voz alta el dos de noviembre.
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Zoe gana el recreo
Zoe llega a la escuelita,
con su lonche y su bolsita,
y en el patio del recreo
brinca, canta y da un rodeo.
Por la barda se asomó
la calaca y saludó:
-Vengo por esa chamaca,
la que corre y no se aplaca.
Zoe ganó la carrera
y la flaca, aunque ligera,
se quedó sin resistir
y se puso a sonreír.
La calaca, entusiasmada,
se apuntó a la temporada:
cada día quiere jugar
y a Zoe olvidó llevar.
La Catrina visita a Zoe
Zoe reparte cariño
como quien reparte pan;
cura el llanto de algún niño
y compone cualquier plan.
Llegó la flaca de noche
con la lista y el bastón;
Zoe le abrió sin reproche
y le dio conversación.
Se quedaron en la mesa
hasta que salió el lucero;
y la flaca, con torpeza,
olvidó su paradero.
Cada año vuelve a su casa
con su lista y su ternura;
toca, come, ríe, abraza,
y se va sin la factura.
Zoe toma el pulso
Zoe pone la inyección
con paciencia y con razón;
una noche entró la flaca
con su bata y su matraca.
-Traigo lista de pacientes
y me sobran los urgentes.
Zoe le tomó la altura,
el pulso y la dentadura.
-Aquí nadie se me pasa
sin permiso de la casa.
La Catrina, sin aliento,
se durmió en el pavimento.
Ya llevaba tres semanas
de la sala a las ventanas,
cuando Zoe la llamó:
-Su turno se canceló.
Las cuentas de Zoe
Zoe lleva las finanzas
con sus cuentas y balanzas;
ni un centavo se le escapa
ni un error se le solapa.
Fue la flaca a su oficina
con su libro y su rutina:
-Vengo a cerrar tu ejercicio,
ya se venció tu servicio.
Zoe revisó el papel,
y encontró un fallo cruel:
-Aquí falta una factura
y su firma en la escritura.
La calaca fue al archivo
por el sello y el motivo;
salió debiendo a la cuenta:
Zoe cumplirá noventa.
La clienta pelona de Zoe
Zoe peina con esmero,
hace tintes con salero;
en su salón de la esquina
se formó hasta la Catrina.
-Yo quiero un corte a la moda,
que me invitan a una boda,
y unas luces en el fleco
para no verme un muñeco.
Zoe le miró el cabello:
no tenía ni un destello,
y le dijo: -No se apure,
yo le arreglo lo que dure.
Le pegó unas extensiones
de listones y algodones,
y salió por la avenida
sin cobrarse ni una vida.
Zoe pone la música
Zoe pone la tocada
en las fiestas del lugar;
con su consola apretada
no deja a nadie sentar.
Se colaba la flaquita
sin pulsera y sin boleto,
pidió luego la que grita
y bailó cual esqueleto.
Zoe puso un ritmo bravo
que no aguanta ni un cristiano;
y la flaca, sin un clavo,
bailoteó hasta el verano.
Se olvidó de su trabajo,
de la lista y su misión;
hoy la flaca, en el relajo,
pide baile, no cajón.
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