Calaveritas literarias para Wendy
Wendy tiene fama de resolverlo todo, y por eso la Catrina le trae ganas desde hace rato. Aquí van versos con su nombre para el altar, para el salón de clases o para leerlos en voz alta en la sobremesa del dos de noviembre.
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el nombre y los detalles que tú quieras.
Wendy en la primaria
Wendy llega a la primaria
con mochila y con cuaderno;
no le teme a la contraria
ni al partido del invierno.
Se metió la calaquita
al salón por la ventana:
-Vengo por esa niñita,
me la llevo esta mañana.
Wendy alzó su mano al frente:
-Espérese, doña flaca,
la maestra es muy pendiente
y a la fuerza nadie saca.
La calaca se formó
en la fila del recreo;
con la torta que ganó
hoy olvida hasta su empleo.
La casa de Wendy
Wendy manda en la cocina
con su cuchara y su risa;
si algo duele, lo adivina
y lo cura sin más prisa.
La Catrina la ha seguido
por la calle del mercado;
y aunque el paso va tendido,
Wendy siempre le ha ganado.
La flaca tocó la puerta
con su lista y con sus citas;
Wendy la tenía abierta
con café y con dos gorditas.
Se sentó la muy huesuda
a probar el chocolate;
salió llena, sin ayuda,
prometiendo otro combate.
Wendy y la paciente flaca
Wendy cuida el hospital
en el turno de la noche;
sabe echar el suero igual
que estacionar un buen coche.
La calaca entró en camilla
quejándose del riñón:
-Enfermera, una pastilla,
que me duele el esternón.
Wendy le tomó la mano
y no le encontró latido:
-Usted no tiene ni un grano
de dolor: es puro ruido.
Le buscó vena en el brazo
y no había ni un tantito;
la Catrina dio un abrazo
y rompió su papelito.
El salón de Wendy
Wendy tiñe, corta y peina,
en su salón ella reina;
deja rizos y color
y platica lo mejor.
Se formó la calavera
con revista y con espera:
-Yo quiero un corte de artista
y unas luces a la vista.
Wendy dijo: -No hay problema,
yo le arreglo ese dilema;
le prendió unas extensiones,
rayos, tinte y dos listones.
La calaca se miró
en la luna y suspiró;
y de tanto presumir
ya no supo a quién seguir.
Wendy saca cuentas
Wendy cuadra los balances
sin pedir a nadie avances;
con su Excel y su café
sabe todo lo que fue.
Vino la flaca con lista
y un maletín de turista:
-Vengo a hacerte el corte anual
y tu cuenta ya está mal.
Wendy revisó el registro
con la calma de un ministro:
-Usted debe, doña muerte,
cien mil años. Se lo advierte.
La huesuda sacó cuentas
de sus deudas polvorientas;
hoy le ayuda a la señora
y captura sin demora.
La mesa que atendió Wendy
Wendy es mesera de fonda,
la mejor de a la redonda;
carga ocho platos calientes
y se acuerda de los clientes.
Ahí cayó la calaquita
en la mesa favorita:
-Tráigame sopa y arroz,
que ando con hambre feroz.
Le llevó la sopa aguada
y una torta bien bañada;
la Catrina repitió
y hasta el caldo se bebió.
Le llegó la cuenta entera
y no trajo la cartera;
hoy se amarra su mandil
y ya sirve el plato mil.
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