Calaveritas literarias para Wendy

Wendy tiene fama de resolverlo todo, y por eso la Catrina le trae ganas desde hace rato. Aquí van versos con su nombre para el altar, para el salón de clases o para leerlos en voz alta en la sobremesa del dos de noviembre.

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Wendy en la primaria

Wendy llega a la primaria con mochila y con cuaderno; no le teme a la contraria ni al partido del invierno. Se metió la calaquita al salón por la ventana: -Vengo por esa niñita, me la llevo esta mañana. Wendy alzó su mano al frente: -Espérese, doña flaca, la maestra es muy pendiente y a la fuerza nadie saca. La calaca se formó en la fila del recreo; con la torta que ganó hoy olvida hasta su empleo.

La casa de Wendy

Wendy manda en la cocina con su cuchara y su risa; si algo duele, lo adivina y lo cura sin más prisa. La Catrina la ha seguido por la calle del mercado; y aunque el paso va tendido, Wendy siempre le ha ganado. La flaca tocó la puerta con su lista y con sus citas; Wendy la tenía abierta con café y con dos gorditas. Se sentó la muy huesuda a probar el chocolate; salió llena, sin ayuda, prometiendo otro combate.

Wendy y la paciente flaca

Wendy cuida el hospital en el turno de la noche; sabe echar el suero igual que estacionar un buen coche. La calaca entró en camilla quejándose del riñón: -Enfermera, una pastilla, que me duele el esternón. Wendy le tomó la mano y no le encontró latido: -Usted no tiene ni un grano de dolor: es puro ruido. Le buscó vena en el brazo y no había ni un tantito; la Catrina dio un abrazo y rompió su papelito.

El salón de Wendy

Wendy tiñe, corta y peina, en su salón ella reina; deja rizos y color y platica lo mejor. Se formó la calavera con revista y con espera: -Yo quiero un corte de artista y unas luces a la vista. Wendy dijo: -No hay problema, yo le arreglo ese dilema; le prendió unas extensiones, rayos, tinte y dos listones. La calaca se miró en la luna y suspiró; y de tanto presumir ya no supo a quién seguir.

Wendy saca cuentas

Wendy cuadra los balances sin pedir a nadie avances; con su Excel y su café sabe todo lo que fue. Vino la flaca con lista y un maletín de turista: -Vengo a hacerte el corte anual y tu cuenta ya está mal. Wendy revisó el registro con la calma de un ministro: -Usted debe, doña muerte, cien mil años. Se lo advierte. La huesuda sacó cuentas de sus deudas polvorientas; hoy le ayuda a la señora y captura sin demora.

La mesa que atendió Wendy

Wendy es mesera de fonda, la mejor de a la redonda; carga ocho platos calientes y se acuerda de los clientes. Ahí cayó la calaquita en la mesa favorita: -Tráigame sopa y arroz, que ando con hambre feroz. Le llevó la sopa aguada y una torta bien bañada; la Catrina repitió y hasta el caldo se bebió. Le llegó la cuenta entera y no trajo la cartera; hoy se amarra su mandil y ya sirve el plato mil.

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