Calaveritas literarias para Victoria
Victoria trae la victoria en el nombre, y la Catrina lo comprueba cada vez que intenta llevársela. Estas calaveritas están dedicadas a las Victorias y a las Vickys: la del salón, la del abrazo eterno, la estilista, la cantante, la jefa y la corredora incansable. Dedícalas en el altar, en la oficina o en la fiesta del dos de noviembre.
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Victoria y su lonchera
Victoria llega temprano
con su trenza y su lonchera;
saluda con la mano
a la maestra y la portera.
La calaquita villana
le pidió de su manzana:
-Convídame, mi Victoria,
que el hambre es mi única historia.
Victoria partió en dos
su manzana con cariño,
y la flaca dijo adiós
y bendijo a cada niño.
Desde entonces la calaca
cuida el patio y la escalera,
y a Victoria le retaca
de manzanas la lonchera.
Para Vicky, con cariño
Vicky, la de risa clara,
la que abraza sin medida,
la que a nadie le negara
ni un consejo ni comida.
Cuando venga la Catrina
a tocarte la ventana,
que se espere en la cocina
y regrese otra mañana.
Le daremos su tamal,
su café y su pan de anís,
para que se porte igual
de paciente y de feliz.
Porque Vicky, mi Victoria,
todavía tiene mucho:
mil abrazos, mil historias
y un cariño que yo escucho.
Vicky la estilista
Vicky corta y hace rizos
en su salón de belleza;
deja tintes y hechizos
y compone la tristeza.
Llegó la flaca al salón
para el baile del panteón:
-Quiero rizos y color
y un peinado de emperador.
Vicky le buscó el cabello
y no le encontró ni uno;
le puso un moño muy bello
y un sombrero oportuno.
La Catrina, tan contenta
con su moño de listón,
olvidó por qué se sienta
y bailó hasta el apagón.
Victoria y su canción
Victoria canta rancheras
con el alma en cada son;
hace llorar a cualquiera
y bailar al corazón.
La Catrina fue al concierto
en primera fila, ansiosa,
con su ramo medio muerto
y una lágrima orgullosa.
Al cantar la despedida
quiso echarle su rebozo,
mas la voz, tan conmovida,
le quitó todo el embozo.
Y en lugar de arrebatarla
se quedó de corista;
hoy la sigue y va a escucharla
con boleto de turista.
La jefa Victoria
Victoria manda en su oficina
con carácter de campeona;
lo que empieza lo termina
y a la flojera no perdona.
Llegó la flaca de visita
con contrato de finiquito:
-Vengo por usted, señorita,
firme aquí su papelito.
Victoria le dio un pendiente,
tres reportes y un Excel:
-Primero entrégueme el frente
y después hablamos de él.
La huesuda, hasta la fecha,
sigue armando el presupuesto,
con la junta ya deshecha
y Victoria en otro puesto.
Victoria en la carrera
Victoria sale a correr
apenas raya la aurora,
y no la puede vencer
ni la cuesta más traidora.
La flaca quiso alcanzarla
en el kilómetro diez,
y al querer adelantarla
se le zafó todo un pie.
Se sentó a tomar aliento
en la orilla del sendero,
y Victoria, como el viento,
le ganó el año entero.
Ya en la meta la esperaba
con dos aguas y un abrazo,
y la flaca, que llegaba,
le pidió otro año de plazo.
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