Calaveritas literarias para Vicente

Vicente responde a Chente y a las dos formas les cuadra el mismo humor. La huesuda lo ha ido a buscar al salón, a la cantina, a la carnicería y hasta al taller, y siempre termina pagando o cantando. Estos versos son para dedicárselos con confianza.

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Chente y su tarea

Chente acaba la tarea y después se va a jugar; y la flaca lo rodea para verlo dibujar. La calaca le pidió que le preste una gomita; Chente no se la negó y le dio su libretita. La calaca, agradecida, se quedó de compañera; hoy le presta su comida y le guarda la lonchera.

Mi papá Vicente

Vicente llega cansado con la lonchera vacía; pero llega y, ya sentado, nos platica todo el día. Tocó la flaca a la puerta buscando al señor Vicente; lo encontró de mesa abierta con caldito bien caliente. Se sentó la muy huesuda a escuchar sus aventuras; y salió, ya sin la duda, de volver noches futuras.

Chente y su grito

Chente canta en la cantina con el traje de charrito; se avienta el grito y afina hasta el último versito. Llegó la flaca a pedirle las mañanitas cantadas; Chente se puso a servirle tres canciones bien lloradas. La calaca, ya llorando, se acabó su pañuelito; y salió tarareando sin llevarse ni al gatito.

Vicente y su báscula

Vicente es buen carnicero, te despacha una costilla; le hace fama su letrero y su báscula amarilla. Llegó la flaca a comprar un kilito de espinazo; Vicente la vio pasar y le puso precio al brazo. La calaca, ya asustada, se salió por la ventana; y hoy no compra ni fiada por no verse en la romana.

Chente el zapatero

Chente arregla los zapatos en su banco de la esquina; y les da lustre en dos ratos con su trapo y su resina. Llegó la flaca sin suela y con los huesos pelones; Chente le clavó una suela y le puso dos tacones. Se fue la muerte calzada con tacones de charol; hoy se escucha su llegada y se esconde hasta el farol.

Vicente y su taller

Vicente arregla motores en el taller del mercado; les da vida a los tractores con un cable y un candado. Llegó la flaca empujando su carcacha sin motor; Chente la dejó rodando con un ruido de tambor. Le cobró la refacción y también la mano de obra; la calaca, sin tostón, le dejó la que le sobra.

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