Calaveritas literarias para Ximena

Ximena es de esos nombres que la muerte apunta con gusto en su libreta, porque sabe que le van a dar guerra. Aquí reunimos varias calaveritas dedicadas a todas las Ximenas: la del salón de clases, la de la bata blanca, la de la oficina y la que nunca suelta el celular. Léelas en voz alta el Día de Muertos y dedícaselas con cariño a tu Ximena favorita.

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Ximena en el recreo

En la escuela de la esquina Ximena juega a saltar, y la calaca ladina se le quiso emparejar. -Préstame la cuerda un rato, que yo también sé brincar - dijo la flaca en su trato y se puso a rebotar. Brincaron hasta las tres, sonó el timbre del salón, y la muerte, del revés, se olvidó de su misión. Ximena volvió a su clase con su lápiz y su pan, y la flaca, sin que pase lista, se fue a Michoacán.

La doctora Ximena

Ximena de bata blanca, la doctora más templada, curaba la fiebre franca con jarabe y con tostada. Llegó la flaca a consulta con dolor en la rodilla: -Doctora, algo me resulta que me truena la costilla. Ximena sacó su placa y le dijo sin rodeo: -Comadre, usted está flaca: puro hueso es lo que veo. La huesuda, agradecida, le pagó con un favor: -Te dejo un año de vida y me traes al director.

Ximena en la oficina

Ximena en la oficina teclea sin descansar, con su taza y su rutina y un jefe que hace rabiar. La Catrina, de visita, llegó con un memorando: -Vengo por ti, señorita, que tu turno está expirando. Ximena, sin inmutarse, le contestó de volada: -Tendrá usted que formarse: traigo junta programada. Y la flaca, en la antesala, tres semanas esperó; salió Ximena de gala y a la muerte despidió.

Ximena, luz de noviembre

Ximena, luz encendida, veladora en el altar, no te has ido de la vida: solo cambiaste de hogar. La Catrina, muy cortés, te prestó su carruaje, y te ha traído otra vez de regreso de aquel viaje. Aquí está tu pan de muerto, tu mole y tu chocolate; el sendero está despierto, no hay tristeza que te ate. Y si vuelve la huesuda a llevarte al otro lado, que se espere, no hay duda: falta el postre y el guisado.

Ximena y el celular

Ximena vive pegada al bendito celular: ni comiendo, ni sentada, jamás lo quiere soltar. La flaca mandó un mensaje con emoji de ataúd: -Prepara ya tu equipaje, que se acabó tu salud. Ximena ni lo leyó: lo dejó en visto tres días, y la flaca se aburrió de mandarle letanías. Ahora la Catrina espera sentada junto al sillón, mientras Ximena, ligera, le contesta un emoticón.

Ximena en la cancha

Ximena juega futbol los domingos, sin fallar; no hay portera ni gol que se le pueda escapar. La huesuda se metió de defensa en el partido, pero el hueso le tronó en el primer barrido. Ximena la regateó, la huesuda dio un traspié, sus canillas desgranó y se quedó sin un pie. Desde entonces la Catrina la ve jugar desde afuera, y le aplaude en cada esquina como fiel porra ranchera.

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