Calaveritas literarias para Vanessa
Hay Vanessas que le sacan la vuelta a la muerte con puro modo y buen humor. Estas calaveritas están hechas para dedicarle en la ofrenda, en la escuela o en la reunión con los amigos.
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el nombre y los detalles que tú quieras.
Vanessa y su frijolito
Vanessa siembra un frijol
en su vaso de algodón;
lo pone al lado del sol
y lo cuida con razón.
Se paró una calaquita
a mirar cómo crecía:
-Yo no tengo ni una agüita,
ni un solcito para el día.
Vanessa le dio un frijol,
un vasito con su agüita,
y un pedazo de aquel sol
que entra por la ventanita.
A los días, la plantita
le brotó de par en par,
y la flaca, tan bonita,
se olvidó de trabajar.
Vanessa, mi hija querida
Vanessa, mi hija querida,
pedacito de mi historia,
la que alegra mi comida
con su risa y su memoria.
Si la Catrina viniera
a rondarte a medianoche,
yo saldría a la escalera
a pararle bien el coche.
Le daría del guisado
que te hago cada domingo,
y un café recién colado
con su pan y su respingo.
Y mientras se sirve el plato
y se limpia la quijada,
tú te quedas otro rato
y no pierdes ni pisada.
Vanessa la arquitecta
Vanessa dibuja casas
con ventanas de color;
mide muros, mide trazas
y les busca lo mejor.
Fue la flaca a su despacho
con un plano mal doblado:
-Quiero un techo y no un cacho
para el muerto arrinconado.
Vanessa trazó el proyecto
con jardín y con portal,
todo bien puesto y correcto,
con su cruz y su fanal.
Le gustó tanto a la flaca
que se quiso ir a vivir,
y por eso no se saca
ni las ganas de salir.
La doctora Vanessa
Vanessa pasa consulta
de las ocho hasta las diez;
nada malo se le oculta
ni la gripa de esta vez.
Llegó la flaca a la cita
con la tos de mil inviernos:
-Traigo el alma muy marchita
y los huesos bien enfermos.
Le revisó la garganta,
el oído y el pulmón,
y le dijo: -Nada espanta,
solo falta corazón.
Le recetó unas gotitas,
caldo, sueño y compañía;
y hoy la flaca, entre visitas,
cura más de lo que hacía.
Vanessa la bailarina
Vanessa baila en escena
con sus zapatillas rosas;
gira y salta por la arena
y hace mil y dos mil cosas.
La Catrina fue al ensayo
con tutú y con listón:
-Yo me apunto para mayo
y me llevo a la función.
Vanessa le dio las puntas,
la postura y el compás;
le enseñó las cinco juntas
y a girar sin ir de más.
Dio la flaca treinta vueltas
y quedó descoyuntada,
con las tibias tan revueltas
que se fue sin llevar nada.
Vanessa la del café
Vanessa sirve el café
en la barra de la esquina;
lo prepara, no sé qué,
con canela y crema fina.
Llegó la muerte a pedir
un cafecito cargado:
-Que me ayude a resistir
este turno tan pesado.
Vanessa hizo un capuchino
con espuma y con dibujo,
con canela y polvo fino,
y lo entregó con su lujo.
Le gustó tanto el sabor
que pidió la taza doble,
y le entró tanto temblor
que ya no atrapa ni un roble.
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