Calaveritas literarias para Valeria
A Valeria le dicen Vale y le sale todo: la casa, la chamba y hasta la carrilla del dos de noviembre. La Catrina ya le trae ganas desde hace rato, pero se le sigue escapando entre risas. Aquí van sus versos para el altar, para el salón de clases o para mandarlos por mensaje.
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Valeria pinta a la calaca
Valeria pinta en la escuela
con crayolas de color,
una flaca de canela
con sombrero de una flor.
La calaca dibujada
se bajó del cartoncillo:
-Vale, ya vengo apurada,
tráete tu cuadernillo.
Vale le prestó un crayón,
la calaca se entretuvo
pintando su corazón,
y hasta el reloj se detuvo.
Al sonar de la campana
la calaca se quedó
pegadita en la ventana,
y el conserje la enmarcó.
El plato de más de Valeria
Vale pone bien la mesa,
guarda un plato de sorpresa;
y acomoda un vaso más
por si alguien llega detrás.
Llegó la flaca a la cena
con su cara de faena;
-Vengo por ti, no te tardes,
que hace frío en estas tardes.
Vale le sirvió su plato,
le prestó también un rato;
la sentó junto al brasero,
le dijo: -Come primero.
Se quedó la flaca un mes
y se irá tal vez después;
Vale no le dice nada:
ya le puso su almohada.
La jeringa de Valeria
Valeria conecta el suero
con un pulso muy certero;
checa fiebre, cura, tapa,
y de noche nadie escapa.
Se metió la flaca al piso
con su lista y su permiso:
-Vengo por el de la cama,
que su número me llama.
Vale le buscó la vena
sin hallarla ni de pena;
le picó todo el costado
y el hueso quedó rayado.
La Catrina se durmió,
el suerito le sirvió;
le pusieron su pulsera
y no sale hasta que muera.
La charola de Valeria
Valeria lleva charola
por la fonda de la esquina;
les sirve a quince ella sola
y le sobra la propina.
Se sentó la calavera
en la mesa del rincón:
-Tráigame lo que usted quiera,
que hoy no traigo ni un tostón.
Vale le sirvió tres platos,
una sopa y un guisado;
la flaca comió por ratos
y pidió recalentado.
La Catrina no traía
ni un centavo en el morral;
y ahí sigue todavía
lavando todo el local.
Valeria y el perro de la flaca
Valeria cura al ganado,
al perico y al venado;
cose patas, quita espinas,
y hasta duerme a las gallinas.
Se le apareció la flaca
con un perro sin su placa:
-Este can es mi tesoro,
que no come y yo lo adoro.
Vale le sacó un huesito
que tragó el pobre perrito;
la Catrina, sorprendida,
vio su mano descosida.
Pero el perro lo enterró
donde nadie lo encontró;
y hoy la flaca no señala
a ninguno de la sala.
La Catrina va con Valeria
Valeria pone botones
y remienda pantalones;
con su aguja y su dedal
compone lo que anda mal.
Llegó la flaca a la puerta
con su túnica entreabierta:
-Se me rompió por la espalda
y también toda la falda.
Vale le tomó medidas
de costillas consumidas;
le zurció cada abertura
y quedó de gran figura.
La Catrina se miró,
y al espejo se quedó;
se le fue toda la lista
por andar de modelista.
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