Calaveritas literarias para Valeria

A Valeria le dicen Vale y le sale todo: la casa, la chamba y hasta la carrilla del dos de noviembre. La Catrina ya le trae ganas desde hace rato, pero se le sigue escapando entre risas. Aquí van sus versos para el altar, para el salón de clases o para mandarlos por mensaje.

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Valeria pinta a la calaca

Valeria pinta en la escuela con crayolas de color, una flaca de canela con sombrero de una flor. La calaca dibujada se bajó del cartoncillo: -Vale, ya vengo apurada, tráete tu cuadernillo. Vale le prestó un crayón, la calaca se entretuvo pintando su corazón, y hasta el reloj se detuvo. Al sonar de la campana la calaca se quedó pegadita en la ventana, y el conserje la enmarcó.

El plato de más de Valeria

Vale pone bien la mesa, guarda un plato de sorpresa; y acomoda un vaso más por si alguien llega detrás. Llegó la flaca a la cena con su cara de faena; -Vengo por ti, no te tardes, que hace frío en estas tardes. Vale le sirvió su plato, le prestó también un rato; la sentó junto al brasero, le dijo: -Come primero. Se quedó la flaca un mes y se irá tal vez después; Vale no le dice nada: ya le puso su almohada.

La jeringa de Valeria

Valeria conecta el suero con un pulso muy certero; checa fiebre, cura, tapa, y de noche nadie escapa. Se metió la flaca al piso con su lista y su permiso: -Vengo por el de la cama, que su número me llama. Vale le buscó la vena sin hallarla ni de pena; le picó todo el costado y el hueso quedó rayado. La Catrina se durmió, el suerito le sirvió; le pusieron su pulsera y no sale hasta que muera.

La charola de Valeria

Valeria lleva charola por la fonda de la esquina; les sirve a quince ella sola y le sobra la propina. Se sentó la calavera en la mesa del rincón: -Tráigame lo que usted quiera, que hoy no traigo ni un tostón. Vale le sirvió tres platos, una sopa y un guisado; la flaca comió por ratos y pidió recalentado. La Catrina no traía ni un centavo en el morral; y ahí sigue todavía lavando todo el local.

Valeria y el perro de la flaca

Valeria cura al ganado, al perico y al venado; cose patas, quita espinas, y hasta duerme a las gallinas. Se le apareció la flaca con un perro sin su placa: -Este can es mi tesoro, que no come y yo lo adoro. Vale le sacó un huesito que tragó el pobre perrito; la Catrina, sorprendida, vio su mano descosida. Pero el perro lo enterró donde nadie lo encontró; y hoy la flaca no señala a ninguno de la sala.

La Catrina va con Valeria

Valeria pone botones y remienda pantalones; con su aguja y su dedal compone lo que anda mal. Llegó la flaca a la puerta con su túnica entreabierta: -Se me rompió por la espalda y también toda la falda. Vale le tomó medidas de costillas consumidas; le zurció cada abertura y quedó de gran figura. La Catrina se miró, y al espejo se quedó; se le fue toda la lista por andar de modelista.

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