Calaveritas literarias para Valentina
Valentina lleva la valentía en el nombre y no la desperdicia: se lanza al agua, al escenario, al espacio y a la primera fila de la rueda de prensa. La Catrina la respeta tanto que ya sólo la sigue de lejos, por si acaso. Estas calaveritas están dedicadas a todas las Valentinas que no se dejan de nadie, ni de la huesuda.
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Valentina va al kínder
Valentina, muy temprano,
llega al kínder con canción;
va tomada de la mano
y comparte su crayón.
Llegó la flaca a pedirle
la mitad de su bocado;
Valentina, sin decirle,
le dio todo, muy honrado.
La calaca, agradecida,
le enseñó a hacer un dibujo,
y hoy son amigas de vida,
sin regaño y sin embrujo.
Valentina, la que cura
Valentina es la que cura
con un beso y un consejo;
la que borra la amargura
y le pone al miedo espejo.
Vino la flaca a tocarle
la puerta de madrugada;
Valentina, sin dejarle,
le cerró con la mirada.
-Regresa cuando sea justo
-le dijo, sin arrogancia-;
y la muerte, con buen gusto,
respetó tanta constancia.
Valentina, la astronauta
Valentina, la astronauta,
viaja en cohete de lata;
lleva casco, lleva flauta
y una brújula de plata.
Llegó la flaca al despegue,
pidiendo un lugar de más;
Valentina dijo: -Que llegue,
pero siéntese detrás.
Se pasearon por Saturno,
por la luna y por Neptuno;
la muerte, tan boquiabierta,
olvidó su tarea cierta.
Valentina y su vozarrón
Valentina canta ranchero
con la voz de catedral;
la escucha el pueblo sincero
desde el radio y el portal.
Llegó la flaca al palenque
con boleto de primera;
Valentina, en un arranque,
le cantó la noche entera.
La muerte lloró tres ríos,
gastó todos sus pañuelos,
y hoy regresa, con desvíos,
a pedir otros consuelos.
Valentina en la alberca
Valentina nada libre,
mariposa y de pecho;
en la alberca no hay quien vibre
ni le gane, ni de hecho.
Llegó la flaca a competir
con flotador y con todo;
se hundió antes de partir
y se llenó de lodo.
Valentina la sacó
del carril número nueve,
y la muerte, que tragó,
ya ni al agua se atreve.
Valentina, reportera
Valentina es reportera,
con libreta y grabadora;
va tras de la nota fiera
desde el alba hasta la aurora.
Llegó la flaca a la rueda
de prensa, muy elegante;
Valentina, que no queda
callada, la puso adelante.
-¿Y usted cuándo se jubila?
-le preguntó sin temor.
La muerte, que se perfila,
salió huyendo del rumor.
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