Calaveritas literarias para Teresa

A Teresa le dicen Tere y con ese nombre le alcanza para todo: para el salón de clases, para el mostrador y para la máquina de coser. La flaca ya le perdió el respeto de tanto visitarla, y siempre acaba comiendo, curada o estrenando vestido. Aquí van calaveritas para las Teresas de la familia.

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Tere y su cuaderno

Tere pinta su cuaderno con estrellas y un limón; le hace un sol para el invierno y un ratoncito panzón. La calaca se sentó en la banca de atrasito; y Tere le compartió su color y su librito. La flaca aprendió a contar con la Tere, su vecina; y ya no quiere llevar ni la goma de la esquina.

Mi tía Tere

Mi tía Tere despierta antes que salga la luz; y deja la mesa puesta con su pan y con su cruz. Llegó la huesuda al rato y se sentó en la cocina; mi tía le puso un plato con tortilla y mandarina. Se fue la muerte contenta y regresa a cualquier hora; mi tía no lleva cuenta, nomás le sirve y la adora.

Doña Tere en el mercado

Doña Tere vende fruta en el puesto de la esquina; y te sigue por la ruta si no compras mandarina. Llegó la flaca a comprar y pidió un kilo de pera; doña Tere, sin dudar, le vendió la caja entera. La muerte quiso pagar con un hueso de la mano; y la Tere, sin chistar, lo apuntó para el verano.

Tere y su jeringa

Tere pone la inyección sin que sientas el piquete; tiene mano de algodón y te regala un juguete. Cayó la flaca enfermita con las tibias congeladas; Tere le dio una pastita y dos cobijas dobladas. Sanó la muerte al momento y salió muy agradecida; se le fue del pensamiento que llegó por otra vida.

Tere en la tiendita

Tere atiende la tiendita y se entera de todito; si hay pleito, ella lo grita desde el mostrador solito. Llegó la calaca a fiar un refresco con cerillos; Tere se puso a contar los pleitos de los chiquillos. La flaca oyó tres semanas sentada en el mostrador; se le fueron ya las ganas y hoy va cada que hay rumor.

Tere, aguja y dedal

Tere cose en la ventana con su aguja y su dedal; lo compone en la mañana y te queda sin señal. Llegó la flaca rasgada del vestido y del rebozo; Tere, sin decirle nada, le cosió un traje precioso. Se fue la muerte de fiesta presumiendo su vestido; y olvidó, con tanta orquesta, a qué casa había ido.

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