Calaveritas literarias para Teresa
A Teresa le dicen Tere y con ese nombre le alcanza para todo: para el salón de clases, para el mostrador y para la máquina de coser. La flaca ya le perdió el respeto de tanto visitarla, y siempre acaba comiendo, curada o estrenando vestido. Aquí van calaveritas para las Teresas de la familia.
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Tere y su cuaderno
Tere pinta su cuaderno
con estrellas y un limón;
le hace un sol para el invierno
y un ratoncito panzón.
La calaca se sentó
en la banca de atrasito;
y Tere le compartió
su color y su librito.
La flaca aprendió a contar
con la Tere, su vecina;
y ya no quiere llevar
ni la goma de la esquina.
Mi tía Tere
Mi tía Tere despierta
antes que salga la luz;
y deja la mesa puesta
con su pan y con su cruz.
Llegó la huesuda al rato
y se sentó en la cocina;
mi tía le puso un plato
con tortilla y mandarina.
Se fue la muerte contenta
y regresa a cualquier hora;
mi tía no lleva cuenta,
nomás le sirve y la adora.
Doña Tere en el mercado
Doña Tere vende fruta
en el puesto de la esquina;
y te sigue por la ruta
si no compras mandarina.
Llegó la flaca a comprar
y pidió un kilo de pera;
doña Tere, sin dudar,
le vendió la caja entera.
La muerte quiso pagar
con un hueso de la mano;
y la Tere, sin chistar,
lo apuntó para el verano.
Tere y su jeringa
Tere pone la inyección
sin que sientas el piquete;
tiene mano de algodón
y te regala un juguete.
Cayó la flaca enfermita
con las tibias congeladas;
Tere le dio una pastita
y dos cobijas dobladas.
Sanó la muerte al momento
y salió muy agradecida;
se le fue del pensamiento
que llegó por otra vida.
Tere en la tiendita
Tere atiende la tiendita
y se entera de todito;
si hay pleito, ella lo grita
desde el mostrador solito.
Llegó la calaca a fiar
un refresco con cerillos;
Tere se puso a contar
los pleitos de los chiquillos.
La flaca oyó tres semanas
sentada en el mostrador;
se le fueron ya las ganas
y hoy va cada que hay rumor.
Tere, aguja y dedal
Tere cose en la ventana
con su aguja y su dedal;
lo compone en la mañana
y te queda sin señal.
Llegó la flaca rasgada
del vestido y del rebozo;
Tere, sin decirle nada,
le cosió un traje precioso.
Se fue la muerte de fiesta
presumiendo su vestido;
y olvidó, con tanta orquesta,
a qué casa había ido.
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