Calaveritas literarias para Susana

A Susana le sobran modos para salirse con la suya, y hasta la muerte se lo reconoce. Aquí van versos para dedicarle en la ofrenda, en el salón o en la reunión de la familia.

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Susana en el recreo

Susana llegó a la escuela con su lápiz y cuaderno, y detrás de la acuarela se asomó un huesito tierno. La calaca, muy formal, se sentó junto a Susana, le prestó su delantal con dibujos de campana. Susana partió su torta y le dio la mitad buena; a la calaca le importa más un pan que cualquier pena. Sonó el timbre de salida y la flaca, ya repleta, se llevó, por despedida, una estrella en su libreta.

Susy de mi corazón

Susy, la de risa clara, la que nunca dice no, la que pone buena cara cuando el día se nubló. Vino a verte la huesuda un domingo, de visita; se topó con la menuda y la risa de Susita. Le contó de sus corajes, de su gente, de su suerte, de sus idas y sus viajes y su modo de quererte. La calaca se quedó hasta que salió la luna, y por gusto se olvidó de llevarse a la fortuna.

Susana la enfermera

Susana pone inyecciones en la clínica del pueblo; cura fiebres y raspones con paciencia y con desvelo. Llegó la flaca en camilla con un hueso descosido: -Me pegué con una silla y el fémur se me ha salido. Susana le dio jarabe, pastillitas y masaje; le cosió el hueso, la llave y el candado del vendaje. La flaca salió curada y contenta de la cita; se le olvidó la jornada y hoy ayuda en la visita.

Susy la panadera

Susy amasa de mañana en el horno de ladrillo; llena toda la ventana de telera y de bolillo. La Catrina se formó en la fila, de rigor: -Quiero pan del que sobró y bolillo del mejor. Le llenó Susy el canasto de bolillos y de conchas, le fio el pan y todo el gasto y unas piezas más rechonchas. La Catrina, agradecida, se sentó a mojar su pan; se olvidó de la partida y hoy trapea en el zaguán.

Susy y la clase de zumba

Susy pone la bocina y comienza la función; mueve a toda la vecina al compás del reguetón. Se metió la calaquita hasta atrás, en la tercera, con sus mallas y gorrita y una toalla en la cadera. Susy puso sentadillas, brincos, vueltas y tijera; le tronaron las costillas a la pobre calavera. Terminando la rutina la huesuda no podía; se sentó en una cortina y olvidó lo que traía.

Susy la cajera

Susy cobra en el mercado con su lápiz y su fiado; suma rápido y sin prisa, te devuelve hasta la risa. Se paró la huesudita con su carro y su listita: -Traigo cirios, pan y flores, chile, sal y dos licores. Susy le pasó la cuenta, la sumó y se la presenta; la huesuda hizo la cara de que el pago no acabara. No traía ni tarjeta, ni monedas, ni libreta; y por eso, hasta la fecha, empaca bolsas derecha.

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