Calaveritas literarias para Samuel

Samuel arregla lo que se descompone y de paso se sale con la suya, hasta con la huesuda. Estos versos llevan su nombre y se pueden leer en el salón, dejar sobre el altar o soltarlos de sorpresa el dos de noviembre.

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Samuel en el salón

Hoy Samuel va a la escuela con su libro y su acuarela; se sabe las capitales y también los animales. Se metió al aula la huesuda con su gis y con su duda: -Vengo por el niño aquel, el que llaman Samuel. Le prestó su buen cuaderno y le dio un repaso tierno; la calaca hizo el dictado y salió con seis pelado. Reprobó la calavera y quedó de compañera; Samuel le hace el favor de enseñarle sin error.

Un abrazo para Samuel

Samuel escucha y calla, te acompaña en la batalla; si uno llega hecho pedazos, él lo arregla con abrazos. Vino a verlo la Catrina con su rebozo de china: -Ya cumpliste, Samuel, firma aquí, sobre el papel. Pero el nieto se colgó de su cuello y no soltó; se formaron los sobrinos, los compadres y vecinos. La Catrina, ahí formada, terminó bien abrazada; se guardó el papel doblado y salió sin el mandado.

Samuel y el pan de las cuatro

Samuel amasa y canta, desde las cuatro se planta; salen conchas y cuernitos, orejas y bigotitos. De repente entró la flaca con su bolsa y su petaca: -Vengo por el panadero, y me llevo el pan primero. Sam le dio un pan recién hecho que le calentó hasta el pecho; la flaca se atragantó y por agua preguntó. Volvió al alba, muy formal, con mandil y delantal; hoy la muerte hace el reparto mientras Sam duerme en su cuarto.

El penal de Samuel

Samuel es delantero, le patea al mundo entero; mete goles de chilena y hasta el árbitro se apena. Se paró en la portería la Catrina, ese buen día: -Si me metes un penal, te perdono, y no está mal. Sam tomó vuelo y tiró, a la escuadra la mandó; pero la calaca es lenta y perdió hasta la osamenta. Recogieron sus canillas en la malla y las orillas; hoy la muerte es la suplente y en la banca está pendiente.

Samuel y la última parada

Samuel lleva el volante, va cantando y va adelante; sube a todo el vecindario con su micro y su rosario. Se subió la calavera sin pagar, en la trasera: -Écheme hasta el panteón, y no traigo ni un tostón. Sam le cobró su pasaje, con descuento y con coraje; la Catrina protestó y del tubo se agarró. Con los topes del camino la Catrina perdió el tino; se pasó de la parada y hoy da vueltas, mareada.

Samuel corta la luz

Samuel jala los cables con dos dedos muy amables; cuando el barrio se oscurece, él lo prende y amanece. Fue la flaca al medidor con su lista y su temblor: -Sube al poste, Samuel, que hoy te firmo tu papel. Sam subió con su escalera, le apagó la luz entera; la Catrina, en lo oscurito, se pegó con el foquito. Le dio toque en la osamenta y hoy la flaca se calienta; Sam la puso de farol y alumbra mejor que el sol.

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