Calaveritas literarias para Samuel
Samuel arregla lo que se descompone y de paso se sale con la suya, hasta con la huesuda. Estos versos llevan su nombre y se pueden leer en el salón, dejar sobre el altar o soltarlos de sorpresa el dos de noviembre.
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Samuel en el salón
Hoy Samuel va a la escuela
con su libro y su acuarela;
se sabe las capitales
y también los animales.
Se metió al aula la huesuda
con su gis y con su duda:
-Vengo por el niño aquel,
el que llaman Samuel.
Le prestó su buen cuaderno
y le dio un repaso tierno;
la calaca hizo el dictado
y salió con seis pelado.
Reprobó la calavera
y quedó de compañera;
Samuel le hace el favor
de enseñarle sin error.
Un abrazo para Samuel
Samuel escucha y calla,
te acompaña en la batalla;
si uno llega hecho pedazos,
él lo arregla con abrazos.
Vino a verlo la Catrina
con su rebozo de china:
-Ya cumpliste, Samuel,
firma aquí, sobre el papel.
Pero el nieto se colgó
de su cuello y no soltó;
se formaron los sobrinos,
los compadres y vecinos.
La Catrina, ahí formada,
terminó bien abrazada;
se guardó el papel doblado
y salió sin el mandado.
Samuel y el pan de las cuatro
Samuel amasa y canta,
desde las cuatro se planta;
salen conchas y cuernitos,
orejas y bigotitos.
De repente entró la flaca
con su bolsa y su petaca:
-Vengo por el panadero,
y me llevo el pan primero.
Sam le dio un pan recién hecho
que le calentó hasta el pecho;
la flaca se atragantó
y por agua preguntó.
Volvió al alba, muy formal,
con mandil y delantal;
hoy la muerte hace el reparto
mientras Sam duerme en su cuarto.
El penal de Samuel
Samuel es delantero,
le patea al mundo entero;
mete goles de chilena
y hasta el árbitro se apena.
Se paró en la portería
la Catrina, ese buen día:
-Si me metes un penal,
te perdono, y no está mal.
Sam tomó vuelo y tiró,
a la escuadra la mandó;
pero la calaca es lenta
y perdió hasta la osamenta.
Recogieron sus canillas
en la malla y las orillas;
hoy la muerte es la suplente
y en la banca está pendiente.
Samuel y la última parada
Samuel lleva el volante,
va cantando y va adelante;
sube a todo el vecindario
con su micro y su rosario.
Se subió la calavera
sin pagar, en la trasera:
-Écheme hasta el panteón,
y no traigo ni un tostón.
Sam le cobró su pasaje,
con descuento y con coraje;
la Catrina protestó
y del tubo se agarró.
Con los topes del camino
la Catrina perdió el tino;
se pasó de la parada
y hoy da vueltas, mareada.
Samuel corta la luz
Samuel jala los cables
con dos dedos muy amables;
cuando el barrio se oscurece,
él lo prende y amanece.
Fue la flaca al medidor
con su lista y su temblor:
-Sube al poste, Samuel,
que hoy te firmo tu papel.
Sam subió con su escalera,
le apagó la luz entera;
la Catrina, en lo oscurito,
se pegó con el foquito.
Le dio toque en la osamenta
y hoy la flaca se calienta;
Sam la puso de farol
y alumbra mejor que el sol.
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