Calaveritas literarias para Sergio
A Sergio le dicen Checo desde la primaria y le queda igual de bien en la cancha que detrás del volante. La huesuda lo ha buscado en el recreo, en la taquería, en la obra y hasta en la barbería, y siempre sale trasquilada. Aquí van unas calaveritas para dedicarle sin pena.
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Checo en el recreo
Checo llega a la escuela
con su lonche y su balón;
en el patio se desvela
por meter un golazón.
La calaca fue portera
en el juego del recreo;
Checo tiró de primera
y anotó, según yo creo.
La huesuda, ya cansada,
le pidió su credencial;
Checo, con la risotada,
la apuntó para el mundial.
Mi tío Sergio
Tío Sergio nos llevaba
a la feria en su camión;
con un peso nos compraba
un algodón de a montón.
Llegó la flaca por él
un domingo de neblina;
le sirvió café y pastel
y charló con la Catrina.
Se acabaron la charola
de galletas de la abuela;
y la muerte se fue sola,
con azúcar en la suela.
Checo y su trompo
Checo pone su trompito
a las nueve en la esquinita;
va cortando el pastorcito
mientras la salsa se agita.
Se formó la calavera
y pidió doce al pastor;
Checo, listo en la trompera,
le sirvió con doble amor.
La calaca, pepenera,
recogió lo que cayó;
y hoy trabaja de trompera
porque nunca se llenó.
Sergio al volante
Sergio arranca de mañana
con su taxi en el crucero;
no hay colonia ni ventana
que no cruce el ruletero.
Subió al taxi la Catrina
y le dijo: -Al panteón.
Sergio dio vuelta en la esquina
y arrancó sin discusión.
Al bajarse en el portón
la Catrina no traía;
dejó un hueso de tostón
y le debe todavía.
Sergio y su cuchara
Sergio pega su ladrillo
con cuchara y con nivel;
y le sale un buen castillo
donde solo hubo un papel.
Fue la flaca de ayudante
a cargar el carretón;
no aguantó ni un solo instante
y quedó como un montón.
Sergio la juntó en la pala
y la echó dentro del muro;
hoy la obra no se resbala
porque el hueso es más seguro.
Checo el peluquero
Checo pela a los muchachos
con tijera bien filosa;
les empareja los cachos
y hasta cobra poca cosa.
Se sentó la calaquita
y pidió su despuntada;
Checo vio la cabecita
más pelona que la nada.
Le dibujó su copete
con plumón y sin dolor;
y hoy la flaca se somete
cada mes al peinador.
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