Calaveritas literarias para Santiago
Santiago, o Santi para los cuates, siempre anda en movimiento, y por eso la huesuda nunca lo alcanza. Estas calaveritas lo persiguen en la bicicleta, en el cariño de hermano, al volante del taxi, en la lancha, con la calculadora del ingeniero y en plena pista de baile. Perfectas para dedicar en el altar, en la comida familiar o entre amigos el Día de Muertos.
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el nombre y los detalles que tú quieras.
Santi y su bicicleta
Santi anda en bicicleta
por la calle del jardín;
lleva casco, lleva meta
y un timbre de clarín.
La calaca, en la banqueta,
le pidió un aventón:
-Llévame en tu bicicleta
hasta el último portón.
Santi la subió atrás
y pedalearon un rato;
dieron vueltas y hasta más,
y perdió ella su zapato.
Se bajó tan divertida,
tan feliz de aquel paseo,
que le regaló más vida
y un huesito de trofeo.
Santiago, hermano del alma
Santiago, hermano del alma,
compañero de aventuras,
tú le pusiste la calma
a mis noches más oscuras.
Si la flaca te convida
a bailar en el panteón,
dile que aún queda vida
y pendiente una canción.
Que nos falta un viaje largo,
mil canciones que aprender,
y una plática sin cargo
hasta el próximo amanecer.
Y si un día te la ganas
y te vas antes que yo,
me guardarás las mañanas
y el lugar que Dios te dio.
Santiago, el del volante
Santiago sube al volante
apenas sale el lucero,
y recorre en un instante
la ciudad y su sendero.
Subió la flaca de repente
y le dio su dirección:
-Lléveme, señor valiente,
derechito al panteón.
Santiago se equivocó
-o eso dijo el condenado-
y a la fiesta la llevó
del barrio más animado.
La Catrina se bajó
a bailar con los vecinos,
y el taxímetro corrió
por diez años de caminos.
Santiago, el pescador
Santiago sale a pescar
cuando apenas hay neblina,
con su red y su cantar
y una fe que no termina.
La huesuda se subió
a su lancha, de polizón:
-Vengo por ti -le anunció-,
prepara tu corazón.
Santiago le dio una caña
y le dijo: -Pesque usted;
si me gana, no hay maraña
y me voy con usted después.
Diez horas estuvo echando
el anzuelo, sin sacar
ni un charal, y fue soltando
las ganas de trabajar.
Santiago el ingeniero
Santiago hace los cálculos
de un puente sobre el río;
mide fuerzas y obstáculos
con un lápiz y su brío.
La flaca llegó al proyecto
a llevarse al ingeniero,
y él le dijo: -Con respeto,
falta el cálculo primero.
Le pasó la calculadora,
los planos y un cuadernillo:
-Dígame cuánto demora
y qué carga este tornillo.
La Catrina, en el intento,
se enredó en los decimales,
y hoy sigue haciendo el cuento
de los cálculos finales.
Santiago en la fiesta
Santiago llega a la fiesta
cuando apenas van llegando,
y se va cuando la orquesta
ya se está desarmando.
La Catrina lo buscó
entre cumbias y tamales;
lo encontró y lo saludó
con abrazos fraternales.
-Vengo por ti, mi Santiago
-le dijo, tomando el brazo-.
-Espérame -dijo el mago-,
que ahí viene el bailazo.
Bailaron hasta las cinco,
hasta que salió la aurora,
y la flaca, dando un brinco,
dijo: -Vuelvo en otra hora.
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