Calaveritas literarias para Sandra

Sandra es de las que resuelven todo y encima invitan a comer. Estas calaveritas están hechas para dedicárselas en el altar, en el trabajo o en la comida familiar. La huesuda viene por ella y termina de aprendiz.

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La lonchera de Sandra

Sandra lleva su lonchera con la fruta más entera; y la parte con quien sea, aunque nadie se lo crea. Se acercó la calaquita con su panza chiquitita; no traía ni un bocado ni un centavo en el costado. Sandra le partió el pastel y le dio jugo con miel; comieron en la banquita y jugaron la ruedita. Desde entonces la huesuda en la escuela nos ayuda; trae su lonche y su cuchara y a Sandra nunca separa.

La cocina de Sandra

Sandra guisa con amor y le pone su sabor; en su mesa cabe todo y cualquiera, de algún modo. Vino la muerte a la puerta con la lista bien abierta; y Sandra le dio su plato y se le olvidó el mandato. Se comió los frijolitos, y también unos taquitos; repitió como tres veces y pidió para sus jueces. Se marchó con la barriga más pesada que una viga, y de tanto que comió ni el encargo se acordó.

La maestra Sandra

Sandra enseña en el salón con paciencia y con tesón; nadie sale sin leer ni sin saber responder. Se metió la calavera a su clase de tercera; no sabía ni sumar ni tampoco separar. Sandra le encargó tarea de las que uno no desea; la dejó tres horas quieta con la pluma y la libreta. Reprobó la calaquita y repite, pobrecita; hoy le da su asesoría y le cobra cada día.

Sandra en la caja

Sandra cuenta los billetes sin errarle a los paquetes; atiende la fila entera con su cara pistolera. Se formó la calavera en la fila de la espera; llevaba un cheque doblado y sin firma ni sellado. Sandra le pidió una firma y credencial que confirma; la Catrina no traía ni retrato ni alegría. Le negaron su efectivo por no hallar ningún archivo; hoy la muerte hace la fila y Sandra ni la vigila.

El jardín de Sandra

Sandra riega su jardín y le canta hasta al jazmín; y cuida rosas y macetas como si fueran sus nietas. Fue la muerte a su jardín a cortarle su jazmín; traía tijera filosa para llevarse sus rosas. Sandra le echó la manguera y la puso lodo entera; se le puso el hueso lodo y no vio ni por el codo. Se resbaló en la banqueta y aterrizó en la maceta; hoy le sale flor del hueso y Sandra la riega, y eso.

Sandra en la clase de baile

Sandra baila en el gimnasio sin parar ni por espacio; mueve a toda la manada con la música pegada. Se metió la calaquita con su malla y su gorrita; presumía condición y aguantar cualquier sesión. A los cinco minutitos ya soltaba los huesitos; al final de la canción se quedó sin esternón. Hoy la flaca, bien cansada, solamente da la entrada; y Sandra sigue brincando y la muerte, ahí, sudando.

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