Calaveritas literarias para Sandra
Sandra es de las que resuelven todo y encima invitan a comer. Estas calaveritas están hechas para dedicárselas en el altar, en el trabajo o en la comida familiar. La huesuda viene por ella y termina de aprendiz.
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el nombre y los detalles que tú quieras.
La lonchera de Sandra
Sandra lleva su lonchera
con la fruta más entera;
y la parte con quien sea,
aunque nadie se lo crea.
Se acercó la calaquita
con su panza chiquitita;
no traía ni un bocado
ni un centavo en el costado.
Sandra le partió el pastel
y le dio jugo con miel;
comieron en la banquita
y jugaron la ruedita.
Desde entonces la huesuda
en la escuela nos ayuda;
trae su lonche y su cuchara
y a Sandra nunca separa.
La cocina de Sandra
Sandra guisa con amor
y le pone su sabor;
en su mesa cabe todo
y cualquiera, de algún modo.
Vino la muerte a la puerta
con la lista bien abierta;
y Sandra le dio su plato
y se le olvidó el mandato.
Se comió los frijolitos,
y también unos taquitos;
repitió como tres veces
y pidió para sus jueces.
Se marchó con la barriga
más pesada que una viga,
y de tanto que comió
ni el encargo se acordó.
La maestra Sandra
Sandra enseña en el salón
con paciencia y con tesón;
nadie sale sin leer
ni sin saber responder.
Se metió la calavera
a su clase de tercera;
no sabía ni sumar
ni tampoco separar.
Sandra le encargó tarea
de las que uno no desea;
la dejó tres horas quieta
con la pluma y la libreta.
Reprobó la calaquita
y repite, pobrecita;
hoy le da su asesoría
y le cobra cada día.
Sandra en la caja
Sandra cuenta los billetes
sin errarle a los paquetes;
atiende la fila entera
con su cara pistolera.
Se formó la calavera
en la fila de la espera;
llevaba un cheque doblado
y sin firma ni sellado.
Sandra le pidió una firma
y credencial que confirma;
la Catrina no traía
ni retrato ni alegría.
Le negaron su efectivo
por no hallar ningún archivo;
hoy la muerte hace la fila
y Sandra ni la vigila.
El jardín de Sandra
Sandra riega su jardín
y le canta hasta al jazmín;
y cuida rosas y macetas
como si fueran sus nietas.
Fue la muerte a su jardín
a cortarle su jazmín;
traía tijera filosa
para llevarse sus rosas.
Sandra le echó la manguera
y la puso lodo entera;
se le puso el hueso lodo
y no vio ni por el codo.
Se resbaló en la banqueta
y aterrizó en la maceta;
hoy le sale flor del hueso
y Sandra la riega, y eso.
Sandra en la clase de baile
Sandra baila en el gimnasio
sin parar ni por espacio;
mueve a toda la manada
con la música pegada.
Se metió la calaquita
con su malla y su gorrita;
presumía condición
y aguantar cualquier sesión.
A los cinco minutitos
ya soltaba los huesitos;
al final de la canción
se quedó sin esternón.
Hoy la flaca, bien cansada,
solamente da la entrada;
y Sandra sigue brincando
y la muerte, ahí, sudando.
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