Calaveritas literarias para Salvador
A Salvador todos le dicen Chava, y por lo visto hasta la huesuda ya se aprendió el apodo. Estos versos llevan su nombre para ponerlos en el altar, mandarlos por mensaje o leerlos entre café y pan de muerto.
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Chava comparte su lonche
Chava lleva su mochila
y en la puerta hace su fila;
lleva un lonche de jamón
y un dibujo de un ratón.
Se sentó la calaquita
junto a Chava en la banquita:
-Vengo por ti, Salvador,
dijo con mucho valor.
Chava le ofreció su torta
y le dijo: -No me importa,
pero coma usted primero,
que hoy le invito el mes entero.
La calaca, satisfecha,
se olvidó de su cosecha;
va a la escuela cada día
y hace fila todavía.
Lo que guarda Salvador
Salvador guarda el café
para el que llegue con frío;
no pregunta ni por qué,
ni te deja en algún lío.
La flaca lo ha vigilado
con paciencia de comadre;
pero Chava anda ocupado
sirviendo atole al compadre.
-Chava, vine por tus años,
le dijo un día la huesuda.
-Siéntese, que no hay regaños,
coma y luego me da ayuda.
La flaca lavó los platos,
le sacudió el comedor;
y hoy se queda un par de ratos
por el café y el calor.
El pan de Salvador
Salvador hornea el pan
con harina y con afán;
hace conchas y cuernitos
y bolillos calientitos.
La Catrina entró a las tres
con su bolsa del revés:
-Quiero un pan de muerto entero,
y me llevo al panadero.
Salvador sacó del horno
una rosca sin adorno,
se la dio con mantequilla
y un atole de vainilla.
La calaca se sentó
y de a poco se durmió;
hoy la flaca, enharinada,
reparte el pan a la entrada.
Chava mete gol
Chava mete cada gol
en la cancha de la esquina;
que le aplauden hasta el sol
y le chifla la Catrina.
La Catrina fue portera
con sus guantes de gigante:
-Si me anotas, Chava, espera;
si la fallas, vas delante.
Chava le pegó al balón
con la pura puntería;
y la flaca, en el rincón,
se estiró para otro día.
Siete goles le anotaron
en un ratito de nada;
y a la flaca la apuntaron
de portera en la jornada.
La fuga que arregló Salvador
Salvador es buen plomero,
y compone el fregadero;
no hay gotera que resista
ni un tinaco de su lista.
Llegó la flaca mojada
con la carroza inundada:
-Se rompió mi tubería,
y me llueve todo el día.
Salvador llegó al momento
con su caja y su talento;
soldó, cambió una manguera,
dejó la carroza entera.
La Catrina, agradecida,
le firmó una despedida;
pero el agua la borró
y ni copia le quedó.
Chava y la modelo huesuda
Chava vive del retrato
de bodas y quinceañeras;
y le sale tan barato
que hay clientela hasta la acera.
Se formó la calaquita
con vestido y con sombrero:
-Quiero una foto bonita
y un marquito con esmero.
Chava le acomodó el velo,
le prendió la luz de frente;
le dio un ramo y un pañuelo
y le dijo: -Saque un diente.
El retrato le salió
tan bonita y tan galana,
que la flaca se quedó
posando hasta la mañana.
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