Calaveritas literarias para Salvador

A Salvador todos le dicen Chava, y por lo visto hasta la huesuda ya se aprendió el apodo. Estos versos llevan su nombre para ponerlos en el altar, mandarlos por mensaje o leerlos entre café y pan de muerto.

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Chava comparte su lonche

Chava lleva su mochila y en la puerta hace su fila; lleva un lonche de jamón y un dibujo de un ratón. Se sentó la calaquita junto a Chava en la banquita: -Vengo por ti, Salvador, dijo con mucho valor. Chava le ofreció su torta y le dijo: -No me importa, pero coma usted primero, que hoy le invito el mes entero. La calaca, satisfecha, se olvidó de su cosecha; va a la escuela cada día y hace fila todavía.

Lo que guarda Salvador

Salvador guarda el café para el que llegue con frío; no pregunta ni por qué, ni te deja en algún lío. La flaca lo ha vigilado con paciencia de comadre; pero Chava anda ocupado sirviendo atole al compadre. -Chava, vine por tus años, le dijo un día la huesuda. -Siéntese, que no hay regaños, coma y luego me da ayuda. La flaca lavó los platos, le sacudió el comedor; y hoy se queda un par de ratos por el café y el calor.

El pan de Salvador

Salvador hornea el pan con harina y con afán; hace conchas y cuernitos y bolillos calientitos. La Catrina entró a las tres con su bolsa del revés: -Quiero un pan de muerto entero, y me llevo al panadero. Salvador sacó del horno una rosca sin adorno, se la dio con mantequilla y un atole de vainilla. La calaca se sentó y de a poco se durmió; hoy la flaca, enharinada, reparte el pan a la entrada.

Chava mete gol

Chava mete cada gol en la cancha de la esquina; que le aplauden hasta el sol y le chifla la Catrina. La Catrina fue portera con sus guantes de gigante: -Si me anotas, Chava, espera; si la fallas, vas delante. Chava le pegó al balón con la pura puntería; y la flaca, en el rincón, se estiró para otro día. Siete goles le anotaron en un ratito de nada; y a la flaca la apuntaron de portera en la jornada.

La fuga que arregló Salvador

Salvador es buen plomero, y compone el fregadero; no hay gotera que resista ni un tinaco de su lista. Llegó la flaca mojada con la carroza inundada: -Se rompió mi tubería, y me llueve todo el día. Salvador llegó al momento con su caja y su talento; soldó, cambió una manguera, dejó la carroza entera. La Catrina, agradecida, le firmó una despedida; pero el agua la borró y ni copia le quedó.

Chava y la modelo huesuda

Chava vive del retrato de bodas y quinceañeras; y le sale tan barato que hay clientela hasta la acera. Se formó la calaquita con vestido y con sombrero: -Quiero una foto bonita y un marquito con esmero. Chava le acomodó el velo, le prendió la luz de frente; le dio un ramo y un pañuelo y le dijo: -Saque un diente. El retrato le salió tan bonita y tan galana, que la flaca se quedó posando hasta la mañana.

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