Calaveritas literarias para Rubén

Rubén es el vecino que llega con la escalera antes de que se la pidan. La calaca lo ha buscado entre las llamas, entre aserrín, con la lupa puesta y hasta en el puesto de la fruta, y siempre acaba saliendo con las manos llenas de mangos. Aquí van unas calaveritas para todos los Rubenes que se hacen querer.

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Rubencito en el recreo

Rubencito, en el recreo, comparte su mandarina; y se avienta en el paseo hasta llegar a la esquina. Se metió la calaquita por debajo de la puerta; traía el hambre infinita y la panza descubierta. Rubencito, sin pensarlo, le dio media gelatina; y la flaca, al abrazarlo, se olvidó de su rutina.

Rubén, mi vecino

Rubén es el buen vecino que te presta hasta la sal; si te quedas sin destino, te acompaña hasta el final. Tocó la flaca en su puerta un domingo por la tarde; él le abrió con risa abierta y le sirvió un café que arde. Se sentaron a esperar la salida del lucero; la flaca se echó a contar y perdió su mes entero.

Rubén, bombero de barrio

Rubén es un buen bombero y se mete de primero; se sube al techo con hacha y baja hasta la muchacha. Se metió la flaca al fuego creyendo que era su juego; se le chamuscó el vestido y pegó un buen alarido. Rubén la sacó cargando y la anduvo refrescando; hoy la flaca no se acerca si Rubén anda por cerca.

Rubén y su serrucho

Don Rubén es carpintero, y le da forma al madero; hace mesas y sillones y remienda los portones. La flaca pidió un cajón para guardar su bastón; Rubén se lo hizo de pino, bien barnizado y muy fino. Quedó el cajón tan bonito que la flaca dio un gritito; se metió para probarlo y nadie pudo sacarlo.

Rubén y los relojes

Don Rubén, el relojero, le da cuerda al mundo entero; con su lupa y su pincita deja la hora bien bonita. La flaca quiso arreglar su reloj de no parar; Rubén le movió el resorte y lo atrasó por deporte. Y desde entonces la flaca anda tarde y se le achaca; llega cuando ya cerraron y los muertos se salvaron.

Rubén y su puesto de fruta

Don Rubén vende la fruta en su puesto de la ruta; pregona mango y sandía y te alegra todo el día. Llegó la flaca al mercado con el bolsillo apretado; Rubén le regaló un mango y un melón para el fandango. La flaca comió sandía hasta que se le salía; hoy pasa por el mercado y se olvida del mandado.

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