Calaveritas literarias para Romina

Romina es de esos nombres que suenan a fiesta y a carácter al mismo tiempo. Aquí van versos para dedicarle en noviembre, desde los que se leen en el salón hasta los que se presumen entre amigos. La Catrina la busca en cada oficio y siempre termina de su lado.

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Romina y sus colores

Romina pinta en la escuela con su caja de acuarela; dibujó una calaquita con sombrero y con faldita. La calaca se salió de la hoja y la saludó: -Gracias por los ojos grandes y también por estos guantes. Se pasearon por la clase sin que nadie las mirase; se comieron su lonchera y bailaron ronda entera. Cuando el timbre ya sonó la calaca se guardó en el cuaderno, contenta, y hoy Romina la presenta.

La risa de Romina

Romina tiene una risa que hasta el frío lo hace brisa; donde llega se ilumina hasta el patio y la cocina. Fue la muerte a visitarla con la idea de llevarla; la encontró en la mecedora y se le fue toda la hora. Le contó de sus abuelas y le dio de sus ciruelas; la escuchó la calavera como amiga verdadera. Ya de noche se despide y ni el nombre ya le pide; se va sola y sin apuro, que Romina es su seguro.

La veterinaria Romina

Romina cura animales y les quita hasta los males; llegó la flaca y su gato, un esqueleto barato. -Ya no come, ya no ronca, ya ni araña, ya ni bronca; revísemelo, doctora, que se me muere a esta hora. Lo revisó con cuidado, le tomó hasta el resultado; le inyectó su vitamina y el michito se le empina. Revivió aquel gato huesudo y salió corriendo, mudo; hoy la muerte lo persigue y ninguno lo consigue.

La licenciada Romina

Romina, la licenciada, no le teme a nada, a nada; gana juicios de a montón con papeles y con razón. La demandó la Catrina por meterse en su rutina; llegó al juzgado con lista y con cara de conquista. Le pidió su documento y le halló un impedimento; la citó como testigo y la puso en el castigo. Perdió el juicio la huesuda y hasta el juez se quedó en duda; hoy Romina es su asesora y le cobra la demora.

Los pasteles de Romina

Romina hace los pasteles con azúcar y con mieles; los adorna con esmero y se acaban desde enero. Encargó la muerte un pastel de tres leches, bien de miel, para el día de su santo que festeja con espanto. Se lo hizo de chocolate, de esos que dan buen combate; la Catrina lo probó y del gusto se ahogó. Le sacó del esqueleto el pedazo más completo; hoy la muerte, agradecida, paga el pastel de por vida.

Romina y su cámara

Romina toma las fotos de bautizos y de votos; sale todo bien bonito hasta el tío más marchito. Fue la flaca a retratarse y también quiso colarse; posó al frente del pastel y a un ladito del clavel. Le tomaron mil retratos y en distintos aparatos; en ninguna aparecía porque el flash la deshacía. Se enojó la calavera y rompió la lente entera; y Romina le cobró lo que nunca le pagó.

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