Calaveritas literarias para Rodrigo

A Rodrigo lo buscan para todo, y la Catrina no se quiso quedar atrás en la fila. Aquí van versos con su nombre, listos para el altar, para el salón o para leerlos en voz alta el dos de noviembre.

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Rodrigo y sus colores

Todos quieren a Rodrigo porque presta el borrador; con el nuevo se hace amigo y con todos es mejor. Se coló la calaquita en la clase de lectura: -Vengo por esa manita que dibuja con soltura. Rodrigo sacó colores y le hizo un lindo retrato: le pintó vestido y flores con su gato y su zapato. La Catrina se miró retratada en la cuartilla; de contenta se olvidó y hoy anda con la pandilla.

El Rodri siempre llega

Si la gente necesita una mano, va Rodrigo; llega, arregla y ni se agita, y se va: -Pa' eso hay amigo. La Catrina lo ha buscado desde el jueves, con desgana; pero el Rodri anda ocupado y lo deja pa' mañana. Un domingo lo alcanzó a la puerta de su casa: -Ya te toca, se acabó, vámonos, que el tiempo pasa. Rodrigo le dijo: -Sí, nomás deja acabo el coche. Y la flaca sigue ahí, alumbrando, ya de noche.

El Rodri en la pista

El Rodri pone canciones en la boda del vecino; y levanta a los mirones que se quedan en su vino. Llegó la flaca a la pista con sus huesos de charol: -Vengo por ti, buen artista, antes de que salga el sol. Le soltó una cumbia buena y un danzón de los abuelos; la huesuda, ya sin pena, bailó rompiendo los suelos. A las cuatro, ya cansada, la Catrina se sentó; pidió una última tocada pero nadie la sacó.

Rodrigo y el gato de la flaca

Rodrigo, el veterinario, atiende de sol a sol; no descansa ni un horario y no cobra ni un frijol. Trajo la flaca a su gato, un gatito de esqueleto: -Se lo dejo aquí un buen rato y me guarda mi secreto. Rodrigo le dio croqueta, leche tibia y su cojín; le puso una camiseta y jugó con él sin fin. El gatito no quería regresar con la señora; y la flaca, cada día, se va a la clínica una hora.

Rodrigo y el ropero de la flaca

Rodrigo cepilla y clava, su serrucho no se traba; hace puertas y roperos con sus clavos y maderos. Le llegó doña Catrina con su cinta y su rutina: -Necesito una casita angostita y bien bonita. Rodrigo midió el encargo y le dijo, sin embargo: -Le hago un mueble, si me deja, pero no una caja vieja. Le entregó un ropero fino con espejo cristalino; y la flaca, en el reflejo, se olvidó de su cortejo.

Rodrigo y los cables

Rodrigo es electricista, sube al poste sin temblor; cuando apagan, él lo alista y regresa el buen humor. La flaca llegó impaciente con un foco bien fundido: -Me lo cambia, que es urgente, que hoy te llevo, consentido. Rodrigo revisó el cable y le dijo, con su tino: -Su problema es reparable: puro corto en el camino. Le cambió todo el sistema y le puso hasta un foquito; hoy la flaca es un problema: se le ve desde lejito.

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