Calaveritas literarias para Rocío
Rocío tiene el paso ligero y el genio alegre, y por eso la huesuda nunca la alcanza. Estos versos van para la ofrenda, para la escuela o para la fiesta con la banda.
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Rocío y la flaca del rosal
Rocío riega macetas
del jardín de la escuelita;
va contando las violetas
y no pierde ni una hojita.
Entre el rosal se escondía
una flaca menudita,
que sin agua se moría
y ya estaba resequita.
Chío le llevó su vaso,
la regó como a una flor;
le hizo sombra con retazo
y le dio de su calor.
La flaquita floreció,
le salieron dos hojitas;
y en el patio se quedó
sembrada entre margaritas.
Chío, la del corazón
Chío tiene el don de dar
sin tener que preguntar;
llega, ve lo que hace falta
y lo pone en la canasta.
Vino la muerte a llevarla,
sin permiso y sin hablarla;
pero al verla trabajar
se quedó sin qué alegar.
Chío la puso a picar
cebollita sin parar;
la flaca lloró un buen rato
y se le olvidó el mandato.
Se quedó a comer con todos,
riendo y probando modos;
cuando fue hora de partir
ya no supo ni salir.
Chío la paletera
Chío empuja su carrito
por la calle, a mediodía;
toca fuerte el campanito
y se acaba la agonía.
Se paró la calavera
con el hueso sudoroso:
-Deme la de fresa entera
y otra de mango, y con gozo.
Chío le dio dos paletas,
un helado con barquillo,
y una nieve de galletas
en un vasito amarillo.
De tan fría la paleta
se le trabó la quijada;
se le cayó la libreta
y se fue sin decir nada.
Rocío la quesadillera
Rocío pone el comal
en la esquina del portal;
echa masa y la voltea
y el olor ya se pasea.
Llegó la flaca con hambre,
con la panza como alambre:
-Deme una de champiñón
y una de flor con jamón.
Rocío le sirvió diez
y las dobló de una vez;
le echó salsa, le echó queso
y la flaca perdió el seso.
Se comió la servilleta,
la salsera y la banqueta;
y de tanto que tragó
la guadaña se olvidó.
Chío y la clase de manejo
Chío enseña a manejar
en un carro despintado;
te hace el tope respetar
y estacionar de costado.
La Catrina se apuntó
con el hueso en el volante:
-Yo ya sé, pero olvidó
mi cabeza lo importante.
Arrancó de un jalonazo,
y se subió a la banqueta;
se llevó hasta un macetazo
y aplastó una bicicleta.
Chío le quitó el volante:
-Usted queda reprobada.
La huesuda, en ese instante,
se fue a pie por la calzada.
Rocío la de la farmacia
Rocío da la receta,
el jarabe y la tableta;
te aconseja sin cobrar
y hasta te enseña a curar.
Cayó la flaca tosiendo,
estornudando y crujiendo:
-Deme algo para el catarro
y también para este tarro.
Chío le dio vitaminas,
té de tila y aspirinas;
le midió hasta la presión
y le puso una inyección.
La huesuda sanó tanto
que perdió todo el espanto;
y de tan agradecida
hoy le barre la salida.
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