Calaveritas literarias para Rocío

Rocío tiene el paso ligero y el genio alegre, y por eso la huesuda nunca la alcanza. Estos versos van para la ofrenda, para la escuela o para la fiesta con la banda.

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Rocío y la flaca del rosal

Rocío riega macetas del jardín de la escuelita; va contando las violetas y no pierde ni una hojita. Entre el rosal se escondía una flaca menudita, que sin agua se moría y ya estaba resequita. Chío le llevó su vaso, la regó como a una flor; le hizo sombra con retazo y le dio de su calor. La flaquita floreció, le salieron dos hojitas; y en el patio se quedó sembrada entre margaritas.

Chío, la del corazón

Chío tiene el don de dar sin tener que preguntar; llega, ve lo que hace falta y lo pone en la canasta. Vino la muerte a llevarla, sin permiso y sin hablarla; pero al verla trabajar se quedó sin qué alegar. Chío la puso a picar cebollita sin parar; la flaca lloró un buen rato y se le olvidó el mandato. Se quedó a comer con todos, riendo y probando modos; cuando fue hora de partir ya no supo ni salir.

Chío la paletera

Chío empuja su carrito por la calle, a mediodía; toca fuerte el campanito y se acaba la agonía. Se paró la calavera con el hueso sudoroso: -Deme la de fresa entera y otra de mango, y con gozo. Chío le dio dos paletas, un helado con barquillo, y una nieve de galletas en un vasito amarillo. De tan fría la paleta se le trabó la quijada; se le cayó la libreta y se fue sin decir nada.

Rocío la quesadillera

Rocío pone el comal en la esquina del portal; echa masa y la voltea y el olor ya se pasea. Llegó la flaca con hambre, con la panza como alambre: -Deme una de champiñón y una de flor con jamón. Rocío le sirvió diez y las dobló de una vez; le echó salsa, le echó queso y la flaca perdió el seso. Se comió la servilleta, la salsera y la banqueta; y de tanto que tragó la guadaña se olvidó.

Chío y la clase de manejo

Chío enseña a manejar en un carro despintado; te hace el tope respetar y estacionar de costado. La Catrina se apuntó con el hueso en el volante: -Yo ya sé, pero olvidó mi cabeza lo importante. Arrancó de un jalonazo, y se subió a la banqueta; se llevó hasta un macetazo y aplastó una bicicleta. Chío le quitó el volante: -Usted queda reprobada. La huesuda, en ese instante, se fue a pie por la calzada.

Rocío la de la farmacia

Rocío da la receta, el jarabe y la tableta; te aconseja sin cobrar y hasta te enseña a curar. Cayó la flaca tosiendo, estornudando y crujiendo: -Deme algo para el catarro y también para este tarro. Chío le dio vitaminas, té de tila y aspirinas; le midió hasta la presión y le puso una inyección. La huesuda sanó tanto que perdió todo el espanto; y de tan agradecida hoy le barre la salida.

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