Calaveritas literarias para Regina
Regina significa reina, y hasta la muerte lo sabe: cada vez que va por una, termina haciendo antesala. Aquí van varias calaveritas dedicadas a las Reginas del salón, de la amistad, del juzgado, del pizarrón, de la fiesta y del hospital. Dedícalas en el altar, en la escuela o en la sobremesa del dos de noviembre.
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el nombre y los detalles que tú quieras.
Regina en el salón
Regina alza la mano
en la clase de español;
se sabe el verbo lejano
y el poema del girasol.
La calaca preguntona
se sentó en el pupitre:
-Yo también quiero corona
y que mi nombre se registre.
Regina le dio un cuaderno
y un lapicito de color,
y la flaca, sin gobierno,
escribió con gran temblor.
Sacó ocho en el dictado
y saltó de puro gusto;
del contento que le ha dado
se olvidó de darnos susto.
Regina, mi amiga
Regina, comadre buena,
de risa como campana,
contigo no hay mala pena
que amanezca en la mañana.
Si algún día la Catrina
toca fuerte tu portón,
le diré: -Espere, madrina,
que me falta una canción.
Y si acaso te la ganas
y te vas antes que yo,
te guardaré las mañanas
y el café que te gustó.
Porque hay lazos, mi Regina,
que la muerte no ha podido:
los que teje una cocina
y un cariño bien tejido.
La licenciada Regina
Regina la licenciada
no ha perdido ni un juicio;
tiene lengua bien afilada
y un archivo sin resquicio.
Llegó la flaca a citarla
con un oficio en la mano:
-Vengo, señora, a llevarla:
firme aquí, será en verano.
Regina leyó el oficio
y le halló un vicio de forma:
-Le faltó sello y buen juicio,
esto no cumple la norma.
Desde entonces la Catrina
hace fila en el juzgado,
y Regina la examina
con su código a un costado.
La maestra Regina
La maestra Regina
enseña a leer y a soñar;
con su gis y su rutina
hace al mundo despertar.
Vino la muerte a su clase
a llevársela de un jalón,
mas la puso a que estudiase
la tarea de la lección.
-Antes tráeme la plana
con tu nombre bien escrito,
y la fecha de mañana
y el resumen del librito.
La huesuda, sin talento,
no acabó ni la primera;
lleva ya un año completo
sentada en la escalera.
Regina, reina de la fiesta
Regina llega a la fiesta
con vestido de color;
donde pisa, se despierta
la alegría y el rumor.
La Catrina, muy celosa,
quiso ser la protagonista;
se puso una flor hermosa
y bailó como artista.
Pero al ver a mi Regina
con su porte y su alegría,
se sentó junto a la esquina
y aplaudió todo el día.
-Me regreso sin Regina
-dijo al fin la calavera-,
que sin ella hasta la esquina
se le apaga a cualquiera.
La enfermera Regina
Regina pone inyecciones
sin que duela ni tantito;
cura miedos y raspones
con su modo suavecito.
Llegó la flaca al hospital
buscando a quién se llevara,
y Regina, muy formal,
le pidió que se formara.
Le dio número y asiento,
un cubrebocas prestado,
y le dijo: -Con buen tiento,
hoy no hay nadie desahuciado.
Y la flaca, aburrida,
se durmió en la sala de espera;
Regina siguió su vida
salvando a quien la quisiera.
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