Calaveritas literarias para Raymundo

A Raymundo todos le dicen Ray, y con ese apodo se le acomodan mejor los versos y las bromas. La Catrina lleva rato haciéndole la lucha y siempre se queda con las ganas. Estos versos sirven para el altar, para el grupo de la familia o para leerlos en voz alta el dos de noviembre.

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Raymundo estornuda en clase

Raymundo llegó a la escuela con la tarea en la mano; y se comió una ciruela en el patio, muy ufano. Llegó al aula la flaquita en la clase de las nueve: -Vengo por una visita y me llevo al que se mueve. Todo el grupo se quedó quietecito como el yeso; pero Ray estornudó y voló todito el hueso. Entre todos la juntaron con resistol y listón; de tarea le dejaron no faltar a la lección.

El pastel de Raymundo

Raymundo nunca se olvida de una fecha prometida; llega siempre con pastel y una vela de papel. Llegó la flaca al festejo con su rostro medio viejo: -Ya tu nombre lo anoté y hoy en la noche vendré. Ray le dijo: -Está bien, pero siéntate también; hoy cumple años mi mamá, y el pastel se partirá. La huesuda se sentó, cantó, comió y se quedó; y desde aquel cumpleaños llega y canta, no hace daños.

La ruta de Raymundo

Ray se conoce la ruta del mercado al panteón; no hay bache que lo discuta ni tope en el callejón. Se subió la calaquita sin pagar ni su pasaje: -Déjame en la última cita, que hoy termino con mi viaje. Ray metió tercera y cuarta, y agarró la curva mala; la Catrina, con su carta, se fue al piso como bala. Perdió su lista de nombres entre bolsas y tamales; y se salvan muchos hombres por los baches nacionales.

Raymundo y el apagón

Raymundo arregla apagones y conecta los tapones; sube al poste sin temor sin guantes y sin sudor. Se apareció la Catrina con su foco y su rutina: -Se me fue la luz del cielo y no veo ni mi pelo. Ray le revisó el contacto, no encontró ni un cable intacto; le pasó bien la corriente y quedó resplandeciente. Se prendió como un farol, reluciente como el sol; y hoy la ven desde lejito y se esconden un ratito.

Raymundo pesa a la flaca

Raymundo corta costilla en su local del mercado; y con hacha y con cuchilla te fía si andas quebrado. Llegó la flaca al local con su bolsa y su papel: -Pésame un kilo cabal, de costilla y de laurel. Ray subió a la flaca al peso sin querer, de una jalada; y marcó puritito hueso y la flaca, colorada. Ray colgó un letrero afuera con su oferta del montón: -Hoy hay hueso de primera. Y la flaca huyó al cajón.

Raymundo se avienta el danzón

Raymundo pone la fiesta con bocina y con orquesta; él le pone a la guaracha, y no para la muchacha. Se paró la flaca al frente y le dijo de repente: -Ponme un danzón, sonidero, que ya me llevo al fiestero. Ray le echó la de sonora y bailaron hora y hora; la Catrina dio de vueltas y quedó con patas sueltas. Amaneció en la tarima con el hueso por encima; y olvidó a quién se llevaba por pedir la que faltaba.

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