Calaveritas literarias para Raúl

Raúl es de los que llegan primero y se van al último, y eso trae a la calaca haciendo corajes. Lo ha buscado entre cables, redes de pescar, arenas de lucha y bodegas de noche, y siempre se le escapa por un pelo. Aquí van calaveritas para los Raúl que no le tienen miedo a nada.

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Raúl aprende a escribir

Raúl aprendió a leer con las letras de su nombre; y ahora quiere aprender a escribirlo como un hombre. Se apareció la calaca con un gis en la manita; Raúl, que de todo saca, le regaló una gomita. La calaca hizo la plana con la letra chueca y fea; y Raúl, cada mañana, le revisa la tarea.

Mi abuelo Raúl

Mi abuelo Raúl fumaba y contaba su niñez; cada historia la adornaba con un poco de altivez. Vino la flaca a escucharlo y se le pasó la noche; se le olvidó ya llevarlo y aguantó sin un reproche. Cuando al fin se lo llevaba ya venía amaneciendo; y mi abuelo, que soñaba, se fue de la vida riendo.

Raúl y los cables

Raúl quita el apagón sin subirse a la escalera; sabe bien la conexión de la casa que se quiera. Llegó la flaca a quejarse de que no prende su vela; y Raúl, sin demorarse, le compuso la candela. Quedó la muerte encantada viendo su cripta con luz; y olvidó, muy despistada, a quién iba a echar la cruz.

Raúl en la lancha

Raúl se sale a pescar con su red y su fogón; no regresa sin llenar la cubeta y el cajón. Cayó la flaca en la red con las tibias enredadas; Raúl le quitó la sed y le soltó las quijadas. Volvió la muerte a la orilla con escamas en el hueso; se llevó, por la costilla, un robalo de buen peso.

Raúl, máscara de plata

Raúl es buen luchador con su máscara de plata; y no tiene retador porque a todos los remata. Lo retó la calavera con la llave del costado; Raúl, como buena fiera, la venció de un enroscado. Perdió la muerte el combate y se fue por la salida; hoy le pide otro remate y Raúl no se lo olvida.

Raúl, el de la noche

Raúl cuida la bodega desde que se mete el sol; y ni una mosca le llega con su termo y su farol. Entró la flaca en la noche por llevarse al velador; pero se quedó en un coche y no le prendió el motor. Raúl la sacó a la calle alumbrando con la mano; y le dijo: -No se me halle por aquí sino en verano.

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