Calaveritas literarias para Ramiro
A Ramiro lo conoce todo el barrio, y por lo visto también la Catrina, que ya le trae ganas desde hace rato. Aquí van versos con su nombre para el altar, para el salón de clases o para la sobremesa del dos de noviembre.
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Ramiro y el recreo
Ramiro llega a la escuela
con su lonche y su balón,
va contento y no se cuela
en la fila del salón.
Se apuntó la calaquita
al partido de la clase:
-Vengo a darte una visita,
no me digas que me pase.
Ramiro le dio el balón
y le dijo: -Si me gana,
me voy hoy sin discusión;
si no, vuelva otra semana.
La calaca se hizo arquera,
le metieron nueve a cero;
se olvidó de su carrera
y hoy le grita al delantero.
Ramiro llega temprano
Ramiro llega temprano
con el pan y con el gusto;
lo que rompe cualquier mano
él lo arregla sin un susto.
La Catrina lo ha rondado
desde el año del temblor;
pero él siempre está ocupado
arreglando lo peor.
Le dijimos a la flaca
que se espere un buen ratito,
que Ramiro no se aplaca
ni con todo su librito.
Y si un día se lo lleva,
que le deje su sombrero,
su cerveza y una prueba
de que fue nuestro primero.
Ramiro y el motor de la muerte
Ramiro afina motores
en su taller de la esquina;
cura ruidos y temblores
con aceite y gasolina.
Llegó un carro sin color
manejado por la muerte:
-Se me apaga, por favor,
y ando urgida por la suerte.
Le apretó bien la manguera,
le cambió hasta el radiador;
y a la flaca, placentera,
le brilló hasta el motor.
La carroza va tan suave
que se pasa el panteón;
y hoy la muerte ya no sabe
dónde deja su encargón.
Los tacos de Ramiro
Ramiro es taquero fino,
rey del pastor y el suadero;
le echa sal, limón y tino
y despacha el mundo entero.
Llegó la flaca a la barra
pidiendo cinco de todo,
con su lista y con su garra
y una prisa de otro modo.
Ramiro sirvió el pedido
con salsita de la brava;
la Catrina dio un mordido
y el esqueleto sudaba.
Pidió un agua, pidió leche,
y olvidó por qué venía;
se llevó puro escabeche
y volvió al siguiente día.
Ramiro pasa la navaja
Ramiro es buen peluquero
con la tijera en la mano;
deja a todos de primero
y platica muy ufano.
Se plantó la calaquita
en la silla giratoria:
-Quiero verme más bonita,
pues me espera cierta gloria.
Ramiro miró el asunto:
no traía ni un cabello,
ni una ceja, ni un barrunto,
ni un pelito en todo el cuello.
Le pintó con un plumón
un copete de coqueta;
salió alegre del salón
presumiendo la peineta.
Ramiro no entrega el sobre
Ramiro anda de cartero
desde que amanece el día;
y recorre el barrio entero
con su bici y su alegría.
Le llegó un sobre pequeño
con timbre de calavera:
-Entrégalo con empeño,
que es la carta que te espera.
Ramiro, muy diligente,
marcó el sobre de partida:
-Devolver al remitente,
dirección desconocida.
La Catrina anda furiosa
revisando su buzón;
lleva un año y otra cosa
esperando la razón.
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