Calaveritas literarias para Priscila
Priscila entra y se le nota: habla, organiza y sale con todo firmado. La calaca la ha topado en el incendio, al aire en la radio, entre pasteles y con la póliza en la mano, y siempre termina debiéndole algo. Aquí van calaveritas para las Priscilas.
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Priscila y su cuento
Priscila lee su cuento
en la banca del jardín;
y lo cuenta en un momento
desde el principio hasta el fin.
La calaca puso oreja
a escuchar el cuento entero;
y ni un ruido hizo, ni queja,
se sentó como un cordero.
Priscila cerró el librito
y la flaca preguntó:
-¿Y mañana otro poquito?
Y el librito le prestó.
Priscila, mi prima
Tengo una prima: Priscila,
y es la reina de la fiesta;
donde llega, se perfila
y ninguna la molesta.
Vino la flaca a bailar
la cumbia de medianoche;
no le pudo ni pisar
el tacón, ni con el broche.
Bailaron hasta la aurora
y la flaca se rindió;
hoy Priscila es la señora
del salón que conquistó.
Priscila la bombera
Priscila apaga el incendio
con manguera y con valor;
no le pide a nadie premio
ni descanso, ni favor.
Se metió la calavera
a la casa que se ardía;
se chamuscó la cadera
y salió como podía.
Priscila la echó a la tina
con espuma y con jabón;
hoy la flaca, tan divina,
pasa lista en el camión.
Priscila en la radio
Priscila tiene programa
en la radio, de mañana;
pone discos, canta y llama
a la gente mexicana.
Llamó la flaca a pedir
su canción de despedida;
y se puso a repetir
una lista bien surtida.
Priscila le puso un tema
y un corrido de los buenos;
y hoy la flaca, sin problema,
se olvidó de los ajenos.
Priscila y sus pasteles
Priscila bate la crema
y decora los pasteles;
resolviendo cualquier tema
con sus moños de papeles.
Pidió la flaca un pastel
de tres pisos, con sus velas;
y no dejó ni un papel,
ni migaja, ni canelas.
Priscila le dio la cuenta
con las velas por aparte;
la calaca se lamenta
y hoy le bate por su parte.
Priscila y los seguros
Priscila vende seguros
con su carpeta y su plan;
te convence hasta en apuros
y le firmas sin afán.
Vino la flaca a firmar
una póliza de vida;
le empezaron a temblar
las falanges, de salida.
Priscila le leyó todo
y hasta el punto más chiquito;
hoy la flaca, de algún modo,
paga prima y su poquito.
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