Calaveritas literarias para Pilar
Pilar responde a Pili y a las dos hay que hacerles caso. La calaca la ha buscado en el consultorio, en la oficina, en el lavadero y detrás del mostrador, y siempre sale con más pendientes de los que traía. Aquí van calaveritas para las Pilares.
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Pilar en el salón
Pilar llega a su salón
con su suéter de rombitos;
se acomoda en el rincón
y saluda a los chiquitos.
La calaca entró detrás
a robarse los colores;
pero Pili le dio más
de sus lápices mejores.
La calaca se sonrió
y pintó todo un paisaje;
al final se le olvidó
lo que vino a hacer de viaje.
La profesora Pilar
La profesora Pilar
nos enseña con cariño;
nunca se cansa de dar
lo mejor a cada niño.
Vino la flaca al salón
a llevarse a la señora;
pero al ver el corazón
de los niños, se demora.
Se sentó en la última banca
a escuchar bien la lección;
y salió, con cara franca,
con diploma y con mención.
La doctora Pilar
Pilar pasa su consulta
desde el alba hasta la cena;
no hay dolor que se le oculta
ni pulmón que no le suena.
Llegó la flaca a la cita
con la receta firmada;
se quejaba, la bendita,
de una tos bien arraigada.
Pilar la auscultó completa
y no le encontró pulmón;
le mandó una dieta estricta
y de postre una inyección.
Pili en la oficina
Pili manda en la oficina
y contesta sin demora;
lleva al día la rutina
y no pierde ni media hora.
Llegó la flaca a formarse
con su folio y su carpeta;
y le dijo, sin rajarse:
-Vengo por la lista neta.
Pili le pidió tres copias
y el recibo de la luz;
hoy la flaca, con las propias,
sigue en fila, y sin la cruz.
Pilar y el lavadero
Pilar talla la camisa
con jabón, agua y cepillo;
la refriega sin la prisa
y la deja con su brillo.
Llegó la flaca a lavar
su mortaja bien manchada;
la metió sin enjuagar
y la sacó destrozada.
Pilar se la remendó
con almidón, hilo y plancha;
hoy la flaca la lució
más tiesa y con menos mancha.
Pili en la tienda
Pili atiende su tiendita
desde el alba hasta la noche;
y regala la pepita
y te fía sin reproche.
Cayó la flaca a la tienda
a pedir su cigarrito;
se llevó hasta la merienda
y quedó a deber tantito.
Pili sacó su libreta
y anotó todo lo fiado;
hoy la flaca, muy discreta,
paga en huesos el mandado.
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