Calaveritas literarias para Pilar

Pilar responde a Pili y a las dos hay que hacerles caso. La calaca la ha buscado en el consultorio, en la oficina, en el lavadero y detrás del mostrador, y siempre sale con más pendientes de los que traía. Aquí van calaveritas para las Pilares.

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Pilar en el salón

Pilar llega a su salón con su suéter de rombitos; se acomoda en el rincón y saluda a los chiquitos. La calaca entró detrás a robarse los colores; pero Pili le dio más de sus lápices mejores. La calaca se sonrió y pintó todo un paisaje; al final se le olvidó lo que vino a hacer de viaje.

La profesora Pilar

La profesora Pilar nos enseña con cariño; nunca se cansa de dar lo mejor a cada niño. Vino la flaca al salón a llevarse a la señora; pero al ver el corazón de los niños, se demora. Se sentó en la última banca a escuchar bien la lección; y salió, con cara franca, con diploma y con mención.

La doctora Pilar

Pilar pasa su consulta desde el alba hasta la cena; no hay dolor que se le oculta ni pulmón que no le suena. Llegó la flaca a la cita con la receta firmada; se quejaba, la bendita, de una tos bien arraigada. Pilar la auscultó completa y no le encontró pulmón; le mandó una dieta estricta y de postre una inyección.

Pili en la oficina

Pili manda en la oficina y contesta sin demora; lleva al día la rutina y no pierde ni media hora. Llegó la flaca a formarse con su folio y su carpeta; y le dijo, sin rajarse: -Vengo por la lista neta. Pili le pidió tres copias y el recibo de la luz; hoy la flaca, con las propias, sigue en fila, y sin la cruz.

Pilar y el lavadero

Pilar talla la camisa con jabón, agua y cepillo; la refriega sin la prisa y la deja con su brillo. Llegó la flaca a lavar su mortaja bien manchada; la metió sin enjuagar y la sacó destrozada. Pilar se la remendó con almidón, hilo y plancha; hoy la flaca la lució más tiesa y con menos mancha.

Pili en la tienda

Pili atiende su tiendita desde el alba hasta la noche; y regala la pepita y te fía sin reproche. Cayó la flaca a la tienda a pedir su cigarrito; se llevó hasta la merienda y quedó a deber tantito. Pili sacó su libreta y anotó todo lo fiado; hoy la flaca, muy discreta, paga en huesos el mandado.

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