Calaveritas literarias para Perla

A Perla se le nota de lejos: llega, saluda a todos y no deja a nadie con hambre. La flaca la ha buscado en el puesto de flores, en la cantina, junto al comal y hasta frente a la cámara, y siempre se va retratada y sin encargo. Aquí van calaveritas para las Perlas.

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Perla y su lonchera

Perla trae su lonchera con manzana y con galleta; la comparte con quien quiera y la anota en su libreta. La calaca se acercó con la panza retumbando; Perla nada le negó y le fue todo pasando. Se comió hasta la manzana y el jugo de mandarina; hoy la flaca, en la mañana, hace fila en la cocina.

Mi abuela Perla

Mi abuela se llama Perla y en la casa brilla más; nunca dejo de quererla y no pido nada más. Vino la flaca a la reja preguntando por mi abuela; y Perla asomó la oreja y le sirvió su canela. Se tomaron dos jarritos y contaron mil secretos; y la flaca, en dos ratitos, se olvidó de sus decretos.

Perla y sus flores

Perla vende flor de muerto en el puesto del mercado; deja todo bien dispuesto y el manojo bien atado. Vino la flaca a comprar para su propio altarcito; y empezó a regatear por un peso y un poquito. Perla no le bajó nada y le cobró hasta el listón; hoy la flaca, resignada, vende flores de a montón.

Perla la mesera

Perla sirve las cervezas con la charola en el brazo; les levanta las tristezas y no tira ni un vasazo. Llegó la flaca a la mesa con más sed que un desierto; se echó doce, sin sorpresa, y dejó el barril abierto. Perla le llevó la cuenta con propina por delante; la calaca, medio lenta, se quedó ahí de ayudante.

Perla y el comal

Doña Perla hace tortillas desde antes de que amanezca; las palmea en las orillas y no deja que endurezca. Llegó la flaca al comal a robarse una tortilla; se quemó todo el costal y le tronó la costilla. Perla le sobó la mano y le dio de las calientes; hoy la flaca, muy temprano, ya se forma con las gentes.

Perla y su cámara

Perla retrata a la gente en la boda y el bautizo; no hay quien salga indiferente con la lámpara y su hechizo. Llegó la flaca a posar con su vestido de gala; no se pudo acomodar: se le fue el hueso del ala. Perla le arregló el retrato con pintura y con cariño; hoy la flaca, por un rato, se ve joven como un niño.

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