Calaveritas literarias para Pedro

A Pedro le dicen Perico desde la primaria y el apodo ya no se le despegó. La huesuda lo ha buscado en el andamio, en el taxi, en la portería y hasta en plena serenata, y siempre sale perdiendo la carrera. Aquí van unas calaveritas para todos los Pedros que se ríen hasta de su sombra.

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Perico y su crayón

Perico llegó al salón con su lonche de frijol, se le cayó su crayón y rodó rumbo al farol. La calaca lo alcanzó con gis blanco en la nariz; Perico le regaló la mitad de su maíz. Hoy la flaca va a la escuela con libreta y con compás, y Perico la consuela si reprueba una vez más.

Mi abuelo Pedro

Mi abuelo Pedro se sienta en la silla del portal; el solecito lo alienta y lo despierta el tamal. Vino la muerte a buscarlo con su rebozo de flores; mi abuelo, sin apurarlo, le contó de sus amores. Se quedaron platicando hasta que cayó la noche, y la flaca, bostezando, se marchó sin un reproche. Dicen que regresa a veces nada más para escucharlo, y que se tarda unos meses cada vez que va a llevarlo.

Don Pedro albañil

Don Pedro, el buen albañil, pega tabique y perfil; se toma el pulque a las diez y sigue firme otra vez. Vino la flaca a pedir un cuarto para dormir; don Pedro le hizo un chalet con alberca y con buffet. La muerte quedó encantada, se mudó de madrugada; y a don Pedro lo dejó porque el techo le faltó.

Pedro el taxista

Don Pedro se hizo taxista y maneja hecho un artista; se sabe todo el camino y el chisme de su vecino. Subió la flaca de atrás, pidió que corriera más; don Pedro le aceleró y el motor se le apagó. Tuvo la flaca que andar desde el centro hasta el altar; llegó tarde a su velorio y perdió todo el jolgorio.

Pedro bajo los tres palos

Don Pedro para penales, ataja tiros mortales; lo apodan Manos de Acero porque no entra ni un balero. Llegó la flaca a tirar un penal para ganar; tiró con hueso pelado y el balón quedó atorado. La muerte quedó furiosa, pidió revancha ruidosa; hoy la flaca es la suplente y se aguanta la corriente.

Pedro y su guitarrón

Pedro le canta al amor con su voz de trovador; con guitarrón y trompeta alborota la banqueta. La flaca pidió canción y pagó con un tostón; Pedro le cantó completo el repertorio secreto. La flaca rompió a llorar y ya no quiso cargar; se fue cantando el corrido y a Pedro lo dio perdido.

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