Calaveritas literarias para Patricia
A Patricia todos le dicen Paty, y con ese nombre se le llena la casa de gente. La huesuda ha querido llevársela del salón, del hospital y hasta de la clase de zumba, pero siempre sale más peinada que convencida. Aquí van calaveritas para las Paty que alegran la cuadra.
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Paty en el recreo
Paty llega con su trenza
y un lonche de frijolitos;
en el patio se comienza
un partido de saltitos.
La calaca se aparece
con la cuerda de saltar;
brinca, brinca, y no merece
ni un tropiezo al terminar.
Paty le prestó su gorra
porque el sol estaba fuerte;
y la flaca, que se ahorra
un regaño, se divierte.
Sonó el timbre y se formaron,
la muerte se puso en fila;
los cuadernos se guardaron
y hoy la cuida y la vigila.
Doña Paty va al mercado
Doña Paty va al mercado,
con el morral bien cargado;
regatea con cariño
y trae dulce pal sobrino.
La huesuda la seguía
sin decirle ni un buen día;
doña Paty, muy tranquila,
le ofreció fruta y tortilla.
Comieron en la banqueta,
partiendo una servilleta;
y la muerte le contó
los años que la esperó.
Se fue Paty una mañana
con su rebozo de lana;
dejó puesto el arrocito
y prendido el radiecito.
Paty, la estilista
Paty tiene su salón
con secadora y tijeras;
corta a medio callejón
y cobra por las ojeras.
Se metió la calavera
a pedir un tinte güero;
pidió luces de primera
y un peinado copetero.
Paty le puso el gorrito,
le talló con mucho esmero;
pero al cráneo peloncito
no le agarra ni un letrero.
La flaca salió feliz
con su moño colorado;
y aunque no le halló raíz,
hoy tiene el martes citado.
Paty, la enfermera
Paty pone la inyección
sin que sientas el piquete;
con torunda de algodón
y un dulcito de juguete.
Llegó la muerte de turno
a llevarse a un enfermito;
dijo Paty: - Es nocturno,
espere usted un ratito.
La sentó en la sala fría,
le pidió su credencial;
la calaca no traía
ni una hoja del hospital.
Se formó tres horas largas
en la fila de la entrada;
y entre trámites y cargas,
se durmió, ya resignada.
Paty y las noticias del barrio
Paty tiene la noticia
de la cuadra y la vecina;
la comparte sin malicia
en el té de la cocina.
Fue la flaca a preguntarle
quién seguía en la gran lista;
y en lugar de contestarle,
Paty le hizo una entrevista.
Le sacó nombres y fechas,
quién se fue y quién se quedaba;
con preguntas bien derechas
hasta que la flaca hablaba.
Se le fue toda la tarde
contando lo que sabía;
y salió corriendo, tarde,
sin llevarse a quien debía.
Paty y la clase de zumba
Paty da clase de zumba
en el patio del mercado;
pone cumbia que retumba
y no deja ni un parado.
La calaca se apuntó
en la fila de hasta enfrente;
con mallones se enfundó
y una banda reluciente.
A los diez minutos, tiesa,
la calaca se sentó;
se le zafó la cabeza
y una tibia se soltó.
Paty la juntó completa,
con cinta y mucha constancia;
hoy la muerte, muy discreta,
toma clase a la distancia.
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