Calaveritas literarias para Patricia

A Patricia todos le dicen Paty, y con ese nombre se le llena la casa de gente. La huesuda ha querido llevársela del salón, del hospital y hasta de la clase de zumba, pero siempre sale más peinada que convencida. Aquí van calaveritas para las Paty que alegran la cuadra.

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Paty en el recreo

Paty llega con su trenza y un lonche de frijolitos; en el patio se comienza un partido de saltitos. La calaca se aparece con la cuerda de saltar; brinca, brinca, y no merece ni un tropiezo al terminar. Paty le prestó su gorra porque el sol estaba fuerte; y la flaca, que se ahorra un regaño, se divierte. Sonó el timbre y se formaron, la muerte se puso en fila; los cuadernos se guardaron y hoy la cuida y la vigila.

Doña Paty va al mercado

Doña Paty va al mercado, con el morral bien cargado; regatea con cariño y trae dulce pal sobrino. La huesuda la seguía sin decirle ni un buen día; doña Paty, muy tranquila, le ofreció fruta y tortilla. Comieron en la banqueta, partiendo una servilleta; y la muerte le contó los años que la esperó. Se fue Paty una mañana con su rebozo de lana; dejó puesto el arrocito y prendido el radiecito.

Paty, la estilista

Paty tiene su salón con secadora y tijeras; corta a medio callejón y cobra por las ojeras. Se metió la calavera a pedir un tinte güero; pidió luces de primera y un peinado copetero. Paty le puso el gorrito, le talló con mucho esmero; pero al cráneo peloncito no le agarra ni un letrero. La flaca salió feliz con su moño colorado; y aunque no le halló raíz, hoy tiene el martes citado.

Paty, la enfermera

Paty pone la inyección sin que sientas el piquete; con torunda de algodón y un dulcito de juguete. Llegó la muerte de turno a llevarse a un enfermito; dijo Paty: - Es nocturno, espere usted un ratito. La sentó en la sala fría, le pidió su credencial; la calaca no traía ni una hoja del hospital. Se formó tres horas largas en la fila de la entrada; y entre trámites y cargas, se durmió, ya resignada.

Paty y las noticias del barrio

Paty tiene la noticia de la cuadra y la vecina; la comparte sin malicia en el té de la cocina. Fue la flaca a preguntarle quién seguía en la gran lista; y en lugar de contestarle, Paty le hizo una entrevista. Le sacó nombres y fechas, quién se fue y quién se quedaba; con preguntas bien derechas hasta que la flaca hablaba. Se le fue toda la tarde contando lo que sabía; y salió corriendo, tarde, sin llevarse a quien debía.

Paty y la clase de zumba

Paty da clase de zumba en el patio del mercado; pone cumbia que retumba y no deja ni un parado. La calaca se apuntó en la fila de hasta enfrente; con mallones se enfundó y una banda reluciente. A los diez minutos, tiesa, la calaca se sentó; se le zafó la cabeza y una tibia se soltó. Paty la juntó completa, con cinta y mucha constancia; hoy la muerte, muy discreta, toma clase a la distancia.

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