Calaveritas literarias para Paola
A Paola le dicen Pao y donde llega arma alboroto, hasta cuando el alboroto lo trae la mera Catrina. Aquí están sus calaveritas, hechas para el altar, para el salón de clases o para la reunión del dos de noviembre.
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Paola en la escuela
Paola llega bailando
con su libro de canciones;
va contando y va sumando
peras, mangos y limones.
Asomó la calaquita
por la puerta del salón:
-Yo también quiero mi cita
con la clase y su lección.
Paola le hizo un lugar,
le dio una hoja y lapicito;
y la enseñó a dibujar
un conejo chiquitito.
La calaca, tan contenta
con su dibujo en la mano,
no se acordó de su cuenta
y salió al patio, temprano.
Pao, flor de la casa
Paola, flor de la casa,
alboroto y buen abrazo,
sin ti el tiempo no se pasa
y se alarga cada plazo.
La Catrina, cada rato,
se te asoma en la ventana;
yo le espanto con el gato
y le cierro la persiana.
Si algún día se te lleva
del rebozo, sin aviso,
guardaré tu risa nueva
y el sabor de tu buen guiso.
Mientras tanto, doña muerte,
tome asiento y no se enoje;
que Paola, por su suerte,
no se va, ni se le antoje.
Paola, la fotógrafa
Paola retrata al mundo
con su lente y su tripié;
en un guiño, en un segundo,
te congela donde esté.
Se plantó la calavera
a posar frente al cristal:
-Sáqueme de cuerpo entera,
que hoy me siento sin igual.
Paola le puso luces,
sombrero y flor de papel;
le acomodó hasta las cruces
y un rebozo y un pincel.
Se miró en el resultado
y se puso a sonreír;
se olvidó de su mandado
y hoy no deja de venir.
Paola en la tarima
Paola baila el jarabe
con su falda de listón;
no hay quien mejor se lo sabe
de Jalisco hasta León.
Se apuntó la calavera
a bailar en el tablado:
-Ya verá, yo soy ligera,
traigo el hueso bien probado.
Sonó fuerte la tarima
con el brinco del violín;
y Paola, siempre encima,
le llevaba buen trajín.
Se le soltó una rodilla,
luego el fémur y un talón;
la barrieron a la orilla
y Paola siguió el son.
Las paletas de Paola
Paola vende paletas
de limón y de mamey;
todo el barrio, en sus banquetas,
la proclama como ley.
Llegó la muerte sudando
con la lengua por el suelo:
-Deme una, que ando penando,
que este sol no da consuelo.
Paola le dio limón,
de nuez y de chocolate;
y la flaca, de un jalón,
se acabó todo el remate.
Se le heló hasta el esqueleto
y se puso a tiritar;
se olvidó de su boleto
y no supo a quién llevar.
Paola al volante
Paola va manejando
su camión por la avenida;
va cobrando y va frenando
sin perder ni una subida.
Subió la muerte al camión
sin pagar ni su pasaje:
-No hay boleto ni tostón,
que soy dueña de este viaje.
Paola le hundió el pedal
y agarró la carretera;
dio un volantazo brutal
y salió la flaca fuera.
Rodó la muerte al asfalto
con la lista hecha jirones;
y hoy se para en cualquier alto
a esperar otros camiones.
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