Calaveritas literarias para Nayeli

Nayeli anda siempre con prisa y con la risa por delante, y así ni la flaca le sigue el paso. Estos versos van para la ofrenda, para el salón o para la fiesta con los cuates.

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Nayeli en la fila

Nayeli va muy temprano con su lonche y su cuaderno; va brincando charco y llano con un ánimo muy tierno. En la fila la esperaba una flaca chaparrita que de gorra se colaba con la risa muy bonita. Naye le partió su fruta, le prestó su suetercito, la formó bien en la ruta y le dio hasta su besito. La calaca ya no quiso regresarse a su trabajo; se quedó, con buen permiso, a jugar allí debajo.

Naye, la que no falla

Naye llega cuando duele, cuando nadie va a venir; trae su caldo, que bien huele, y las ganas de reír. Vino a verla la Catrina con su rebozo de luto; la pasaron a la esquina y le dieron un minuto. Naye le sirvió su plato, le contó lo que sufría, le enseñó cada retrato y el amor que repartía. La Catrina se hizo chica en la silla del rincón; se guardó su tarjetica y salió por el portón.

Naye la repostera

Naye hornea sus pasteles con betún de tres colores; les pone fresas y mieles y unas letras de mil flores. La Catrina le encargó un pastel de cumpleaños: -Ponle todo lo que yo no he probado en tantos años. Naye le horneó tres pisos de chocolate y de nuez, con merengues y permisos para repetir después. La Catrina se comió hasta el último pedazo; la guadaña se soltó y todo acabó en abrazo.

Naye la fotógrafa

Naye saca los retratos de bautizos y de gatos; pone luz, dice: -Sonría, y te saca hasta alegría. Llegó la flaca a posar y no dejaba de hablar: -Quiero foto de perfil y otra en pose juvenil. Naye le arregló el sombrero y le dijo: -Aquí la espero; puso el flash, contó hasta tres y salió puro revés. En la foto no aparece, solo un humo que se mece; y de tanto repetir ya se le olvidó salir.

Naye la mesera

Naye lleva cuatro platos en un brazo y sin temblar; se acuerda de los relatos y de lo que han de tomar. Se sentó la calavera en la mesa de hasta el fondo: -Tráigame la carta entera y un cafecito redondo. Naye le llevó la sopa, el arrocito y guisado; le rellenó bien la copa y le trajo hasta el recado. Cuando fue a pagar la cuenta la huesuda no traía; así que hoy paga su afrenta lavando la loza fría.

Naye la de tránsito

Naye para los camiones con silbato y con razones; no le pasa ni un pelado ni el que va bien apurado. Se pasó el alto la flaca manejando una matraca; Naye alzó la mano en cruz y le apagó hasta la luz. -Su licencia y su tarjeta, su seguro y su libreta. La huesuda, sin papeles, ofreció pan y pasteles. Naye le hizo su infracción, el corralón y el sermón; y la flaca, sin su carro, hoy camina por el barro.

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