Calaveritas literarias para Noé

Noé es nombre corto que cae redondo en el verso y en la ofrenda. Aquí hay calaveritas para dedicarle, desde una tranquila para el salón hasta otras con harto relajo para la familia. La flaca lo persigue de oficio en oficio y nunca le atina.

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Noé en el salón

Noé lleva su mochila y se forma bien en fila; contesta lo que le toca sin abrir de más la boca. Se sentó atrás la Catrina a copiarle su rutina; y quería sacar diez sin estudiar ni una vez. Noé le dijo: -Así no; hay que hacerle como yo: hay que leer y repasar y en la casa practicar. La calaca hizo tarea, aunque nadie se lo crea; se sacó ocho en el examen y le dieron su dictamen.

Noé llega cuando llueve

Noé llega cuando llueve y de ahí nadie lo mueve; si hace falta alguna mano ahí está, tarde o temprano. Fue la muerte a su ventana una noche muy temprana; lo encontró cuidando enfermos y contando sus inviernos. Se sentó en el otro lado sin decirle su recado; lo miró toda la noche y guardó bien su reproche. Al llegar la madrugada se salió por la enramada, y le dijo, ya en la puerta: -Vuelvo cuando nadie advierta.

Noé el plomero

Noé arregla las goteras y destapa coladeras; con su llave y su cubeta deja el baño de receta. Le llamó la calavera: -Tengo fuga en la escalera; se me inunda el camposanto y ya nado, y no me espanto. Fue Noé con su maleta, su cubeta y su piqueta; y tapó fugas a montón y hasta le puso un tapón. Le pasó la cuenta larga y a la muerte se le amarga; y hoy le paga cada mes sin quejarse, ya lo ves.

El velador Noé

Noé cuida por la noche la bodega y hasta el coche; con su lámpara y su silla no se le escapa ni ardilla. Se coló la calavera por la barda más trasera; iba a llevarse a Noé sin decir por qué ni qué. Prendió Noé la linterna y le echó la luz eterna; la Catrina se cegó y en el pozo se metió. La sacaron con la cuerda toda chueca y toda lerda; hoy le ayuda en la garita y le sirve la sopita.

Noé el zapatero

Noé arregla los zapatos se los deja bien baratos; pega suela, cose y clava y ninguno se le traba. Fue la muerte con sus botas, con las suelas ya muy rotas: -Póngamelas de a de veras, que camino mil carreras. Le clavó una suela nueva y un tacón que no se lleva; y salió alta la Catrina y no daba ni la esquina. Se cayó de puro tumbo y perdió por fin su rumbo; y hoy camina en huarache que Noé le dio de cache.

El taxi de Noé

Noé lleva pasajeros desde el alba a los luceros; cobra justo lo debido y te deja bien servido. Se subió la calaquita con su bolsa y su cajita: -Lléveme hasta el camposanto y le pago con espanto. Noé arrancó despacito y le cobró un buen tantito; se pasó por el mercado y llegaron a otro lado. No le alcanzó lo del viaje y dejó ahí el equipaje; hoy le lava la carroza y le limpia hasta la loza.

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