Calaveritas literarias para Nicolás
A Nicolás casi nadie lo llama por su nombre completo, y aun así el nombre se presta bonito para el verso. Aquí van calaveritas para dedicarle a ese Nico que se lleva bien con todos, hasta con la Catrina. Unas sirven para la escuela y otras para presumir en la reunión.
¿Ninguna te convence? Genera una calaverita personalizada con
el nombre y los detalles que tú quieras.
Nico en la primaria
Nico llega a la primaria
con la risa necesaria;
y saluda a todo el mundo
en un ratito, un segundo.
Se sentó la calaquita
en su banca favorita;
no traía ni un cuaderno
ni un lapicero moderno.
Nico le prestó la goma
y un lapicito de aroma;
y le enseñó las vocales
y los números cabales.
En el patio se cayó
y un huesito se rompió;
Nico le curó el raspón
y le dio su paletón.
Nicolás, el de la casa
Nicolás es el más grande
aunque nadie se lo mande;
cuida a todos en la casa
y se fija en lo que pasa.
Llegó la muerte una noche
y a esperarlo en su coche,
pero Nico la vio triste
y le dijo: -¿Qué te hiciste?
La sentó junto a la lumbre
y le quitó la costumbre
de llevarse a los cercanos
y de andar mordiendo manos.
Se fue sola, sin enojo,
y con lágrima en el ojo;
hoy lo cuida en el camino
y le endulza su destino.
Nico el carpintero
Nicolás hace roperos
y también hace llaveros;
y llegó la flaca un día
con su encargo y su manía.
-Hágame un cajón bonito,
que el que traigo está marchito;
que le quepan mis costillas
y también mis dos rodillas.
Nico midió con cuidado
y le hizo un lindo tallado;
lo probó la calavera
y durmió la noche entera.
Nico le clavó la tapa
y le puso doble grapa;
desde entonces nadie muere,
que ahí sigue, si usted quiere.
Nicolás pescador
Nicolás sale a pescar
antes de que aclare el mar;
y trae mojarras y robalo
y también el pulpo malo.
Se subió la flaca al bote
con su caña y su capote:
-Vengo por el pescador
y por todo su motor.
Nico echó la red pesada
y la sacó ya enredada
entre jaibas y camarón
y una vieja embarcación.
Hoy la flaca, arrepentida,
le ayuda con la comida;
limpia escamas, tira el hueso,
y Nicolás le da un beso.
Nico el mariachi
Nicolás canta en la plaza
con guitarra y sin coraza;
se avienta el son y la canción
con el alma y el pulmón.
Contrató la calavera
serenata verdadera;
iba a darle su concierto
a un galán que estaba muerto.
Nico le cantó bonito
y le echó tremendo grito;
y se soltó la Catrina
a llorar en cada esquina.
El galán no le hizo caso
y se quedó sin abrazo;
hoy le paga a Nicolás
por cantarle una vez más.
Los elotes de Nico
Nicolás vende el elote
con su chile y su bigote;
le echa mayonesa y sal
y le queda sin igual.
Fue la flaca a comprar uno
sin cargar peso ninguno;
se lo quiso llevar fiado
y salió mal el mandado.
Nico le quitó el elote
y le puso hasta su mote:
-Aquí nadie come fiado,
ni con hueso ni pelado.
Y hoy la muerte, muy formal,
paga elote y su tamal,
y de paso, cada rato,
le ayuda a lavar el plato.
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