Calaveritas literarias para Nicolás

A Nicolás casi nadie lo llama por su nombre completo, y aun así el nombre se presta bonito para el verso. Aquí van calaveritas para dedicarle a ese Nico que se lleva bien con todos, hasta con la Catrina. Unas sirven para la escuela y otras para presumir en la reunión.

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Nico en la primaria

Nico llega a la primaria con la risa necesaria; y saluda a todo el mundo en un ratito, un segundo. Se sentó la calaquita en su banca favorita; no traía ni un cuaderno ni un lapicero moderno. Nico le prestó la goma y un lapicito de aroma; y le enseñó las vocales y los números cabales. En el patio se cayó y un huesito se rompió; Nico le curó el raspón y le dio su paletón.

Nicolás, el de la casa

Nicolás es el más grande aunque nadie se lo mande; cuida a todos en la casa y se fija en lo que pasa. Llegó la muerte una noche y a esperarlo en su coche, pero Nico la vio triste y le dijo: -¿Qué te hiciste? La sentó junto a la lumbre y le quitó la costumbre de llevarse a los cercanos y de andar mordiendo manos. Se fue sola, sin enojo, y con lágrima en el ojo; hoy lo cuida en el camino y le endulza su destino.

Nico el carpintero

Nicolás hace roperos y también hace llaveros; y llegó la flaca un día con su encargo y su manía. -Hágame un cajón bonito, que el que traigo está marchito; que le quepan mis costillas y también mis dos rodillas. Nico midió con cuidado y le hizo un lindo tallado; lo probó la calavera y durmió la noche entera. Nico le clavó la tapa y le puso doble grapa; desde entonces nadie muere, que ahí sigue, si usted quiere.

Nicolás pescador

Nicolás sale a pescar antes de que aclare el mar; y trae mojarras y robalo y también el pulpo malo. Se subió la flaca al bote con su caña y su capote: -Vengo por el pescador y por todo su motor. Nico echó la red pesada y la sacó ya enredada entre jaibas y camarón y una vieja embarcación. Hoy la flaca, arrepentida, le ayuda con la comida; limpia escamas, tira el hueso, y Nicolás le da un beso.

Nico el mariachi

Nicolás canta en la plaza con guitarra y sin coraza; se avienta el son y la canción con el alma y el pulmón. Contrató la calavera serenata verdadera; iba a darle su concierto a un galán que estaba muerto. Nico le cantó bonito y le echó tremendo grito; y se soltó la Catrina a llorar en cada esquina. El galán no le hizo caso y se quedó sin abrazo; hoy le paga a Nicolás por cantarle una vez más.

Los elotes de Nico

Nicolás vende el elote con su chile y su bigote; le echa mayonesa y sal y le queda sin igual. Fue la flaca a comprar uno sin cargar peso ninguno; se lo quiso llevar fiado y salió mal el mandado. Nico le quitó el elote y le puso hasta su mote: -Aquí nadie come fiado, ni con hueso ni pelado. Y hoy la muerte, muy formal, paga elote y su tamal, y de paso, cada rato, le ayuda a lavar el plato.

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