Calaveritas literarias para Nicole
Nicole se lleva el nombre en estos versos y también la última palabra, porque la Catrina nunca acaba llevándosela. La busca en el patio, en el despacho y hasta en la tiendita de la esquina. Sirven para el altar, para la escuela o para leerlas en voz alta el dos de noviembre.
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La cuerda de Nicole
Nicole brinca la cuerda
sin que el paso se le pierda;
cuenta cien sin descansar
y no se deja ganar.
Se acercó la calaquita
con su cuerda chiquitita:
-Nicole, ya se acabó;
ven acá, que ya sonó.
Nicole le dijo: -Espera,
brinca tú la vez primera;
si le llegas hasta cien,
yo me voy contigo, y bien.
Brincó doce la calaca
y a la trece quedó flaca;
hoy la cuerda es su tarea
y Nicole la menea.
Nicole peina a su abuela
Nicole peina a su abuela
cada tarde, sin apuro;
le hace trenza y la consuela
y le pinta el pelo oscuro.
Vino un jueves la Catrina
a la puerta, muy peinada:
-Vengo por la más ladina
de esta casa tan honrada.
Nicole le abrió la puerta
y la sentó en el sillón;
le hizo trenza bien compuesta
y le puso hasta un listón.
La Catrina se miró
en el vidrio del ropero;
tanto el chongo le gustó
que olvidó lo del viajero.
Las uñas de la Catrina
Nicole arregla las uñas
con esmalte y con pincel;
lima, pule y quita cuñas
y les deja buen nivel.
Se sentó la calaquita
con las manos por delante:
-Póngame roja y bonita
todas ellas, al instante.
Nicole buscó las uñas
en aquellos diez huesitos;
no encontró ni medias cuñas,
solo puros nudillitos.
Le pintó los diez deditos
de morado y de dorado;
hoy la flaca, sin sus gritos,
solo viene al retocado.
El presupuesto de Nicole
Nicole dibuja planos
con escuadra y con medida;
le levanta a los cristianos
una casa bien lucida.
Llegó la flaca al despacho
con la idea de un salón:
-Quiero alberca en mi tapanco
y a Nicole, de pilón.
Nicole sacó la regla
y le armó su presupuesto:
tanto el metro, tanto en brega,
más el IVA, todo puesto.
La Catrina vio la cuenta
y salió bien espantada;
hoy la flaca junta y cuenta
los centavos de la entrada.
Nicole pone las rolas
Nicole pone canciones
en las fiestas del lugar;
prende todos los rincones
y no deja de sonar.
Se coló la calavera
a la fiesta, de mirona:
-Póngame una rola fiera
y me llevo a la patrona.
Nicole soltó un mixeo
de tres horas sin parar;
la calaca dio un meneo
y no dejó de bailar.
Se le cayó la cadera
en mitad de la tocada;
hoy la flaca, la primera,
pide pista y no se enfada.
La tiendita de Nicole
Nicole abrió su tiendita
en la esquina del portal;
vende dulce y garrafita
y le fía al que anda mal.
Entró la flaca a la tienda
con su lista y su morral:
-Deme sal y una merienda,
y a Nicole, por igual.
Nicole abrió su libreta
donde apunta a cada quien;
le anotó hasta la galleta
y le dijo: -Pague bien.
La Catrina, sin dinero,
se quedó muy apenada;
hoy le cuida el refresquero
y le acomoda la entrada.
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