Calaveritas literarias para Nicole

Nicole se lleva el nombre en estos versos y también la última palabra, porque la Catrina nunca acaba llevándosela. La busca en el patio, en el despacho y hasta en la tiendita de la esquina. Sirven para el altar, para la escuela o para leerlas en voz alta el dos de noviembre.

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La cuerda de Nicole

Nicole brinca la cuerda sin que el paso se le pierda; cuenta cien sin descansar y no se deja ganar. Se acercó la calaquita con su cuerda chiquitita: -Nicole, ya se acabó; ven acá, que ya sonó. Nicole le dijo: -Espera, brinca tú la vez primera; si le llegas hasta cien, yo me voy contigo, y bien. Brincó doce la calaca y a la trece quedó flaca; hoy la cuerda es su tarea y Nicole la menea.

Nicole peina a su abuela

Nicole peina a su abuela cada tarde, sin apuro; le hace trenza y la consuela y le pinta el pelo oscuro. Vino un jueves la Catrina a la puerta, muy peinada: -Vengo por la más ladina de esta casa tan honrada. Nicole le abrió la puerta y la sentó en el sillón; le hizo trenza bien compuesta y le puso hasta un listón. La Catrina se miró en el vidrio del ropero; tanto el chongo le gustó que olvidó lo del viajero.

Las uñas de la Catrina

Nicole arregla las uñas con esmalte y con pincel; lima, pule y quita cuñas y les deja buen nivel. Se sentó la calaquita con las manos por delante: -Póngame roja y bonita todas ellas, al instante. Nicole buscó las uñas en aquellos diez huesitos; no encontró ni medias cuñas, solo puros nudillitos. Le pintó los diez deditos de morado y de dorado; hoy la flaca, sin sus gritos, solo viene al retocado.

El presupuesto de Nicole

Nicole dibuja planos con escuadra y con medida; le levanta a los cristianos una casa bien lucida. Llegó la flaca al despacho con la idea de un salón: -Quiero alberca en mi tapanco y a Nicole, de pilón. Nicole sacó la regla y le armó su presupuesto: tanto el metro, tanto en brega, más el IVA, todo puesto. La Catrina vio la cuenta y salió bien espantada; hoy la flaca junta y cuenta los centavos de la entrada.

Nicole pone las rolas

Nicole pone canciones en las fiestas del lugar; prende todos los rincones y no deja de sonar. Se coló la calavera a la fiesta, de mirona: -Póngame una rola fiera y me llevo a la patrona. Nicole soltó un mixeo de tres horas sin parar; la calaca dio un meneo y no dejó de bailar. Se le cayó la cadera en mitad de la tocada; hoy la flaca, la primera, pide pista y no se enfada.

La tiendita de Nicole

Nicole abrió su tiendita en la esquina del portal; vende dulce y garrafita y le fía al que anda mal. Entró la flaca a la tienda con su lista y su morral: -Deme sal y una merienda, y a Nicole, por igual. Nicole abrió su libreta donde apunta a cada quien; le anotó hasta la galleta y le dijo: -Pague bien. La Catrina, sin dinero, se quedó muy apenada; hoy le cuida el refresquero y le acomoda la entrada.

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