Calaveritas literarias para Olivia

A Olivia se le nota el carácter en cuanto entra a un cuarto: acomoda, resuelve y no deja pendiente sin cerrar. La huesuda le ha caído en el hospital, en el taller de costura, en la panadería y hasta en el salón, y siempre termina saliendo peinada y sin nadie bajo el brazo. Aquí van calaveritas para todas las Olivias.

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Olivia en la escuela

Olivia llega a la escuela con su trenza y su listón; se sienta y ya se desvela por sacar diez de lección. La calaca entró al salón a sentarse en la banquita; no se sabe la lección ni la tabla más chiquita. Olivia le dio su goma y le prestó su color; la calaca ya se asoma cada día, y va mejor.

Mi mamá Olivia

Mi mamá se llama Olivia y en la casa manda todo; con un beso ella me alivia y me arregla de algún modo. Vino la flaca de noche a llevarse a mi señora; ella le abrió sin reproche y le dijo: -Pase ahora. La flaca cenó con ella su sopita y su guisado; y salió, dejando huella, con la panza y sin recado.

Olivia la enfermera

Olivia pone inyecciones sin que duela ni tantito; toma presión y pulsaciones y te deja bien bonito. Se metió la calaquita por la puerta de emergencia; con su lista bien escrita y sin nada de paciencia. Olivia le dio una bata y la puso de auxiliar; hoy la flaca, tan ingrata, ya no sabe ni matar.

Olivia y su máquina

Olivia cose vestidos en su máquina a pedal; deja todos bien cosidos, sin hilacha ni señal. Llegó la flaca a probarse un vestido de algodón; no le pudo ni abrocharse ni el más chico camisón. Olivia sacó la cinta y le tomó las medidas; hoy la flaca anda distinta y ya no cobra las vidas.

Olivia y el pan de muerto

Olivia hace pan de muerto desde el mero mes de octubre; tiene el horno siempre abierto y de harina se le cubre. Llegó la flaca temprano a comprar su concha fina; le sobraba pura mano pero nada de propina. Olivia le fió la pieza y le dio de pilón dos; hoy la flaca, con pereza, barre el piso y dice adiós.

Olivia la estilista

Olivia corta el cabello con tijera y con esmero; deja a todos con destello y les cobra su dinero. Se sentó la calavera a pedir un buen peinado; mas ni un pelo le saliera de su cráneo bien pelado. Le pegó unas extensiones y un moño de terciopelo; hoy la flaca da lecciones de cómo peinar sin pelo.

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