Calaveritas literarias para Norma

Norma tiene un nombre corto y una voz que se oye hasta la esquina. La huesuda se le ha cruzado en el crucero, en la oficina, en el mercado y en la pila de ropa, y de todas ha salido multada, mandada por copias o bien tallada. Aquí van calaveritas para las Normas que ponen orden donde llegan.

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Norma y su dibujo

Norma pinta una calaca para el altar de la escuela; le dibuja hasta una vaca y una flor junto a la vela. La calaca se asomó a mirar la cartulina; tanto y tanto le gustó y se quedó de vecina. Hoy la flaca va temprano a sentarse en el altar; y le da a Norma la mano cuando la ve dibujar.

Mi abuela Norma

Mi abuela Norma bordaba manteles de cuadros rojos; y en cada punto guardaba lo que decían sus ojos. La flaca tocó la puerta con la lista en el bolsillo; mi abuela, que estaba alerta, le regaló un buen ovillo. Se puso a tejer con ella un rebozo largo y tierno; y me dejaron su huella que me abriga en el invierno.

Norma en el crucero

Norma vigila el crucero con silbato y con bandera; te detiene el mundo entero con la mano y la cadera. Pasó la flaca en su carro volando por la avenida; Norma la paró en el barro y le quitó la salida. No traía ni licencia ni una placa que enseñar; hoy la muerte, con paciencia, va al corralón a pagar.

Norma y su escritorio

Norma manda en la oficina aunque el jefe diga no; ella marca la rutina y decide quién entró. Llegó la flaca a una cita con el jefe, muy formal; Norma revisó la cita y le halló un error fatal. La mandó por otro sello y por copias en montón; la flaca se rascó el cuello y dejó su comisión.

Norma y su canasta

Norma pone en su canasta cempasúchil y alhelí; y con una flor le basta pa que te acuerdes de mí. Llegó la flaca al mercado por un ramo pa su altar; Norma, sin haber cobrado, se lo dio para adornar. Tan bonita le quedó la corona de la muerte, que a la Norma le dejó muchos años de la suerte.

Norma, jabón y plancha

Norma lava y luego plancha las camisas del vecino; no le queda ni una mancha aunque venga del camino. Llegó la flaca embarrada de la sábana a los pies; Norma la dejó tallada y blanquita en medio mes. Quedó la muerte tan blanca que en la noche relumbraba; ya ni un susto se le arranca a la gente que pasaba.

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