Calaveritas literarias para Omar
Omar es de esos nombres que caen bien parados en el verso y en la vida. Estas calaveritas se pueden leer en la escuela, poner en la ofrenda o mandarle por mensaje para hacerlo reír. La huesuda lo busca en cada trabajo y siempre sale con las manos vacías.
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Omar y la bandera
Omar lleva la bandera
en la escolta de tercera;
va derecho y muy formal
igualito a un general.
La calaca quiso entrar
a la escolta y desfilar;
se formó junto a la fila
con su gorra y su mochila.
No podía dar el paso
y se le cayó hasta el brazo;
Omar se lo levantó
y en su sitio lo pegó.
Desfilaron los dos juntos
sin errarle a los asuntos;
hoy la flaca va derecha
y la escolta está bien hecha.
Omar el que aguanta
Omar carga con la casa
y ni un día se le pasa;
y trabaja de sol a sol
sin pedir ni un girasol.
Fue la muerte a proponerle
un descanso, y a ofrecerle
una cama y un colchón
sin trabajo ni sermón.
Omar le contestó luego:
-Ahorita no, te lo ruego;
tengo un hijo que educar
y una madre que cuidar.
La huesuda lo entendió
y en la puerta se sentó;
hoy le carga la mochila
y lo espera en cada fila.
Omar el barbero
Omar corta la patilla
y te deja maravilla;
usa navaja y tijera
y te peina a su manera.
Se sentó en aquella silla
la Catrina, muy sencilla:
-Córteme lo de la nuca
y póngame una peluca.
Omar le buscó cabello
por la nuca y por el cuello;
y no encontró ni un pelillo
más que polvo y un ladrillo.
Le pegó una cabellera
de esas de la peluquera;
hoy la Catrina es modelo
y a Omar le cuida el pelo.
Omar el electricista
Omar se sube a los postes
sin temerle a los azotes;
arregla el foco y el cable
en un rato, y bien amable.
Le llamó la calaquita,
que su casa está oscurita:
-No me prende ni el farol
y me hace falta hasta el sol.
Omar cambió cada cable
y lo dejó presentable;
al probar el interruptor
le llegó su buen calor.
Dio un brinco la calavera
y voló de su trinchera;
hoy alumbra ella solita
y la tumba está bonita.
Omar y la computadora
Omar arregla aparatos
y los cobra bien baratos;
si se traba tu pantalla
él la arregla y no se calla.
Fue la muerte muy nerviosa
con su máquina llorosa:
-Se me fue todo el archivo
y ya no hallo ni un motivo.
Omar picó dos botones
y arregló sus confusiones;
apareció la lista entera
con la gente que ella espera.
Pero Omar, muy distraído,
le borró hasta su apellido;
hoy no puede ni llevarlo
porque no sabe nombrarlo.
Omar en la cancha
Omar pita en esa cancha
y su fama no se mancha;
marca faltas y el penal
sin errarle ni un final.
Se metió a jugar la muerte
de delantera bien fuerte;
y en el área metió mano
para hacer el gol temprano.
Omar le sacó la roja
y la muerte se le enoja;
la mandó para la banca
con su cara medio blanca.
Reclamó con mucho brío
y le dio un escalofrío;
hoy la flaca junta el balón
y ya no arma el borlotón.
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