Calaveritas literarias para Omar

Omar es de esos nombres que caen bien parados en el verso y en la vida. Estas calaveritas se pueden leer en la escuela, poner en la ofrenda o mandarle por mensaje para hacerlo reír. La huesuda lo busca en cada trabajo y siempre sale con las manos vacías.

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Omar y la bandera

Omar lleva la bandera en la escolta de tercera; va derecho y muy formal igualito a un general. La calaca quiso entrar a la escolta y desfilar; se formó junto a la fila con su gorra y su mochila. No podía dar el paso y se le cayó hasta el brazo; Omar se lo levantó y en su sitio lo pegó. Desfilaron los dos juntos sin errarle a los asuntos; hoy la flaca va derecha y la escolta está bien hecha.

Omar el que aguanta

Omar carga con la casa y ni un día se le pasa; y trabaja de sol a sol sin pedir ni un girasol. Fue la muerte a proponerle un descanso, y a ofrecerle una cama y un colchón sin trabajo ni sermón. Omar le contestó luego: -Ahorita no, te lo ruego; tengo un hijo que educar y una madre que cuidar. La huesuda lo entendió y en la puerta se sentó; hoy le carga la mochila y lo espera en cada fila.

Omar el barbero

Omar corta la patilla y te deja maravilla; usa navaja y tijera y te peina a su manera. Se sentó en aquella silla la Catrina, muy sencilla: -Córteme lo de la nuca y póngame una peluca. Omar le buscó cabello por la nuca y por el cuello; y no encontró ni un pelillo más que polvo y un ladrillo. Le pegó una cabellera de esas de la peluquera; hoy la Catrina es modelo y a Omar le cuida el pelo.

Omar el electricista

Omar se sube a los postes sin temerle a los azotes; arregla el foco y el cable en un rato, y bien amable. Le llamó la calaquita, que su casa está oscurita: -No me prende ni el farol y me hace falta hasta el sol. Omar cambió cada cable y lo dejó presentable; al probar el interruptor le llegó su buen calor. Dio un brinco la calavera y voló de su trinchera; hoy alumbra ella solita y la tumba está bonita.

Omar y la computadora

Omar arregla aparatos y los cobra bien baratos; si se traba tu pantalla él la arregla y no se calla. Fue la muerte muy nerviosa con su máquina llorosa: -Se me fue todo el archivo y ya no hallo ni un motivo. Omar picó dos botones y arregló sus confusiones; apareció la lista entera con la gente que ella espera. Pero Omar, muy distraído, le borró hasta su apellido; hoy no puede ni llevarlo porque no sabe nombrarlo.

Omar en la cancha

Omar pita en esa cancha y su fama no se mancha; marca faltas y el penal sin errarle ni un final. Se metió a jugar la muerte de delantera bien fuerte; y en el área metió mano para hacer el gol temprano. Omar le sacó la roja y la muerte se le enoja; la mandó para la banca con su cara medio blanca. Reclamó con mucho brío y le dio un escalofrío; hoy la flaca junta el balón y ya no arma el borlotón.

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