Calaveritas literarias para Natalia
Natalia entra en estos versos como Naty, que es como la llaman los suyos, y la Catrina siempre se queda con las ganas. La persigue en el salón, en el estudio de fotos y hasta en la nevería. Van bien en el altar, en la escuela o para compartir el dos de noviembre.
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Naty y el librito
Naty lee de corrido
cada cuento y cada escrito;
sabe cuentos de a montón
y los cuenta en el salón.
Se sentó la calaquita
junto a Naty, muy juntita:
-Vengo por ti, mi Natalia,
que hoy me toca la medalla.
Naty dijo: -Está muy bien,
pero léame también:
si me lee este renglón,
nos iremos de jalón.
La calaca abrió el librito
y leyó despacidito;
se trabó, se puso roja,
y hoy repasa hoja por hoja.
La maestra Naty
Naty cuida veinte niños
en su salón de colores;
les reparte sus cariños
y les cura los dolores.
Se formó doña Catrina
en la fila de la entrada:
-Vengo por la que domina
esa tropa alborotada.
Naty le pasó una silla,
un mandil y unas tijeras:
-Cuide usted a la pandilla
mientras lavo las loncheras.
Le pintaron la osamenta
con crayón anaranjado;
la Catrina, tan contenta,
ya olvidó lo del mandado.
El retrato de la flaca
Naty saca fotos buenas
en bautizos y en verbenas;
tiene luz, tiene tripié
y retrata hasta el café.
Se paró frente al telón
con su velo y su listón:
-Sáqueme un retrato fino
y me llevo su destino.
Naty le acomodó el velo
y le puso hasta un pañuelo;
disparó y salió movida,
desvelada y descosida.
Le tomaron veinte más
y ninguna quedó atrás;
hoy la flaca, coqueteando,
sigue posando y posando.
Naty en la farmacia
Naty atiende la farmacia
de la esquina, con su gracia;
da consejo y da jarabe
y hasta inyecta si se sabe.
Entró la flaca tosiendo
con la voz medio cayendo:
-Deme algo pa' este mal
y a Natalia, de final.
Naty le tomó presión
y le dijo: -¡Qué ocasión!
Usted no tiene latido,
ni pulmón, ni un buen sentido.
Le vendió su vitamina,
un jarabe y aspirina;
hoy la flaca, con su lista,
pasa a diario a la revista.
La charola de Naty
Naty carga la charola
con seis platos, ella sola;
no derrama ni una gota
ni le falla ni una nota.
Se sentó en la mesa cuatro
la Catrina, sin recato:
-Tráigame el menú completo
y a Natalia, se lo reto.
Naty le trajo la sopa,
el guisado y una copa;
le sirvió postre y café
y le dijo: -Coma usté.
La Catrina pidió cuenta
y le llegó una tormenta;
no traía ni un tostón:
hoy lava hasta el sartenón.
Las nieves de Naty
Naty vende nieve fina
en el kiosco de la esquina;
de mamey y de limón,
de garrafa y de a montón.
Llegó la flaca sudada
de una larga caminada:
-Deme un doble de mamey
y a Natalia, que es mi ley.
Naty le sirvió tres bolas
en su vaso hasta las olas;
le echó chamoy y limón
y tantita de melón.
Se la tomó de un jalón
y le dio un buen congelón;
hoy la flaca, tiritando,
el carrito está cuidando.
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