Calaveritas literarias para Mario

Mario tiene manos para todo y paciencia para más. La flaca lo ha alcanzado en el taller de zapatos, entre chispas de soldadura, con el correo bajo el brazo y frente al banco de carpintería, y siempre acaba debiéndole un favor. Aquí van calaveritas para los Marios.

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Mario y su balero

Mario trae su balero y le pega cada vez; lo presume el día entero y lo ensarta del revés. La calaca quiso hacerlo con sus dedos de matraca; y en lugar de detenerlo se dio un golpe, pobre flaca. Mario le enseñó el truquito con la cuerda y con el palo; hoy la flaca, de a ratito, lo ensarta y no está tan malo.

Mi tío Mario

Mi tío se llama Mario y es el rey del dominó; le da vuelta al calendario y no envejece, eso no. Vino la flaca a la mesa a jugarle una partida; mi tío, sin gran sorpresa, la dejó bien aburrida. Se quedó jugando fichas hasta que se hizo de día; se marchó contando dichas y mi tío ahí seguía.

Mario el zapatero

Mario compone zapatos con su lezna y con su cera; les pone suela por ratos y hasta el brillo por de fuera. Llegó la flaca al taller con un hueso descosido; no sabía qué poner, si zapato o si tejido. Mario le clavó tachuelas y le puso doble suela; hoy la flaca, sin sus muelas, pasa de largo y se cuela.

Mario el herrero

Mario suelda los portones con la chispa en la careta; les hace rejas y balcones y remata en la banqueta. Vino la flaca a pedir una reja pa' su fosa; y se puso a discutir por el precio, tan rabiosa. Mario le soldó los huesos que traía descolgados; hoy la flaca, por los pesos, le hace todos los mandados.

Mario el cartero

Mario reparte el correo casa por casa, en su ruta; lo conocen, ya lo veo, hasta el perro de la fruta. Llegó un sobre sin remite con la letra de la muerte; lo firmaba, y sin desquite, la Catrina, la más fuerte. Mario le puso el sellito de devuelto al remitente; y hoy la flaca, muy bonito, lo reparte entre la gente.

Mario y su serrucho

Mario labra su madera con cepillo y con serrucho; hace mesa y hace escalera y no cobra a nadie mucho. Llegó la flaca a pedir su cajón a la medida; lo quiere para dormir y ahorrarse la venida. Mario le entregó un ropero con espejo y con cajones; hoy la flaca, sin dinero, paga a plazos con canciones.

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