Calaveritas literarias para Maximiliano

Un nombre tan largo como Maximiliano se merece versos a su medida, aunque de cariño todos le digan Max. Aquí hay calaveritas para leer en el salón, para dedicar en la familia y para echar relajo entre amigos. En todas aparece la Catrina, y en todas se topa con pared.

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Max en la escuela

Maximiliano es chiquito pero corre rapidito; lleva libros en la espalda y una capa por bufanda. Y la calaca fue al salón a jugar con el avión; brincó fuerte en la rayita y perdió una canillita. Max le dijo: -No te agüites, ven acá y no te limites; con tantito pegamento te compongo en un momento. Le pegó su canillita con la cinta más bonita, y la flaca, agradecida, va a la escuela de por vida.

Max en casa

Maximiliano nació y la casa se alegró; desde entonces no hay tristeza ni silencio en la cabeza. Vino la flaca a asomarse, sin permiso, a acomodarse, pero Max le dio la mano y le dijo: -Hola, mi hermano. Se quedó la calavera de madrina y de niñera; lo arrulló toda la noche y lo paseó en el coche. Cuando quiso, ya era tarde, se le había hecho cobarde; hoy le cuida hasta el juguete y le sirve su banquete.

Max el albañil

Max levanta una casita con su cuchara chiquita; y llegó la flaca a la obra a pedir lo que le sobra. -Súbete por el andamio, dijo Max, no te reclamo; si me alcanzas allá arriba te regalo hasta la viga. La calaca fue subiendo y el tabique iba crujiendo; resbaló en el tercer piso y cayó sin dar aviso. Quedó en medio del cemento como estatua del momento; hoy adorna aquella entrada de la casa terminada.

El tránsito Max

Max se para en el crucero con su silbato guerrero; para el carro, marca el alto y hasta el perro pega el salto. Se pasó el alto la muerte y le tocó mala suerte; y Max le hizo la parada con la mano levantada. -Su licencia y su tarjeta, que trae la placa incompleta, y de paso, el cinturón, que se lleva a mi patrón. La huesuda no traía ni el permiso de ese día; le quitaron la carroza y hoy camina y ya no goza.

Max el panadero

Max se levanta temprano con la masa entre la mano; hornea conchas y bolillos y le compran los chiquillos. Se metió la calavera a la vitrina trasera y se comió el pan de muerto sin pagarlo, eso es lo cierto. Max cerró bien la cortina y la puso en la vitrina; la enharinó bien completa y la vendió por galleta. Se la llevó un chamaquito envuelta en un papelito, y la muerte, mordisqueada, ya no ha vuelto por la hornada.

Max sobre el ring

Max entrena en el gimnasio sin cansarse ni un espacio; tira golpes de a montón y le tiembla el costalón. Lo retó la calaquita con su bata muy bonita; sonó el gong y se subieron y de golpes se pusieron. Max le dio un buen derechazo y le desarmó hasta el brazo; la mandíbula salió y en la esquina aterrizó. El referí contó diez y ella ni movió los pies; y hoy le lava la toalla y le anima la batalla.

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