Calaveritas literarias para Maximiliano
Un nombre tan largo como Maximiliano se merece versos a su medida, aunque de cariño todos le digan Max. Aquí hay calaveritas para leer en el salón, para dedicar en la familia y para echar relajo entre amigos. En todas aparece la Catrina, y en todas se topa con pared.
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el nombre y los detalles que tú quieras.
Max en la escuela
Maximiliano es chiquito
pero corre rapidito;
lleva libros en la espalda
y una capa por bufanda.
Y la calaca fue al salón
a jugar con el avión;
brincó fuerte en la rayita
y perdió una canillita.
Max le dijo: -No te agüites,
ven acá y no te limites;
con tantito pegamento
te compongo en un momento.
Le pegó su canillita
con la cinta más bonita,
y la flaca, agradecida,
va a la escuela de por vida.
Max en casa
Maximiliano nació
y la casa se alegró;
desde entonces no hay tristeza
ni silencio en la cabeza.
Vino la flaca a asomarse,
sin permiso, a acomodarse,
pero Max le dio la mano
y le dijo: -Hola, mi hermano.
Se quedó la calavera
de madrina y de niñera;
lo arrulló toda la noche
y lo paseó en el coche.
Cuando quiso, ya era tarde,
se le había hecho cobarde;
hoy le cuida hasta el juguete
y le sirve su banquete.
Max el albañil
Max levanta una casita
con su cuchara chiquita;
y llegó la flaca a la obra
a pedir lo que le sobra.
-Súbete por el andamio,
dijo Max, no te reclamo;
si me alcanzas allá arriba
te regalo hasta la viga.
La calaca fue subiendo
y el tabique iba crujiendo;
resbaló en el tercer piso
y cayó sin dar aviso.
Quedó en medio del cemento
como estatua del momento;
hoy adorna aquella entrada
de la casa terminada.
El tránsito Max
Max se para en el crucero
con su silbato guerrero;
para el carro, marca el alto
y hasta el perro pega el salto.
Se pasó el alto la muerte
y le tocó mala suerte;
y Max le hizo la parada
con la mano levantada.
-Su licencia y su tarjeta,
que trae la placa incompleta,
y de paso, el cinturón,
que se lleva a mi patrón.
La huesuda no traía
ni el permiso de ese día;
le quitaron la carroza
y hoy camina y ya no goza.
Max el panadero
Max se levanta temprano
con la masa entre la mano;
hornea conchas y bolillos
y le compran los chiquillos.
Se metió la calavera
a la vitrina trasera
y se comió el pan de muerto
sin pagarlo, eso es lo cierto.
Max cerró bien la cortina
y la puso en la vitrina;
la enharinó bien completa
y la vendió por galleta.
Se la llevó un chamaquito
envuelta en un papelito,
y la muerte, mordisqueada,
ya no ha vuelto por la hornada.
Max sobre el ring
Max entrena en el gimnasio
sin cansarse ni un espacio;
tira golpes de a montón
y le tiembla el costalón.
Lo retó la calaquita
con su bata muy bonita;
sonó el gong y se subieron
y de golpes se pusieron.
Max le dio un buen derechazo
y le desarmó hasta el brazo;
la mandíbula salió
y en la esquina aterrizó.
El referí contó diez
y ella ni movió los pies;
y hoy le lava la toalla
y le anima la batalla.
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