Calaveritas literarias para Mateo
Mateo es de los que no se apuran por nada, ni cuando la huesuda se les sienta enfrente. Estas calaveritas llevan su nombre y están hechas para leerse junto al altar, en la escuela o entre carcajadas el dos de noviembre.
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el nombre y los detalles que tú quieras.
Mateo en el salón
Mateo llega a la escuela
con la tarea completa;
y lo aplaude hasta su abuela
por su letra en la libreta.
Llegó la muerte a la clase
con gis y con borrador:
-Vengo a ver quién me repase
la lección del profesor.
Mateo se puso al frente
y le dio la repasada;
la calaca, muy paciente,
mas no entendió casi nada.
Ahí sigue la calaca
repitiendo la tarea;
y ni un diez saca la flaca
por más que estudie y relea.
Mateo, mi buen amigo
Mateo, pan de mi mesa,
mano firme en el apuro,
tu palabra es la promesa
que sostiene cualquier muro.
Ya la flaca te buscó
en la milpa y en el río;
pero nadie le contó
que este amigo es solo mío.
Si algún día se te arrima
la Catrina, con su son,
dile que aquí nadie estima
que se lleve el corazón.
Y si al fin logra ganarte
y te vas con la señora,
guárdame lugar aparte
y una silla; iré a deshora.
El carpintero Mateo
Mateo cepilla el pino
y le saca hasta canciones;
hace mesas de buen tino
y silletas a montones.
Le encargó la calavera
su ataúd a la medida:
-Que me quede de primera,
que ya traigo mi partida.
Mateo tomó medidas
de la nuca hasta los pies;
las costillas, tan hundidas,
le bailaban del revés.
Mateo le hizo el cajón
barnizado y con manija;
y la muerte, de emoción,
se durmió con su cobija.
Mateo, el pescador
Mateo sale a pescar
cuando apenas hay lucero;
vuelve el bote sin lugar
de tan lleno su pesquero.
Se coló la muerte al bote
sin un remo ni timón:
-Vengo por ti, mi amigote,
y no admito discusión.
Mateo tiró el anzuelo
y jaló con todo y flaca;
la sacó de un solo vuelo
toda mojada y opaca.
La Catrina, chorreada,
juró no volver al río;
y hoy, en la playa sentada,
vigila el bote vacío.
El barbero Mateo
Mateo rasura y corta
con navaja y buen esmero;
ni una greña le soporta
ni siquiera al más grosero.
Llegó la flaca a la silla
con la calva reluciente:
-Póngame usted la patilla
y un copete muy decente.
Mateo sacó la espuma,
la brocha y todo su celo;
y no le halló ni una pluma,
ni un cabello ni un mal pelo.
Le pintó con un plumón
un copete y un bigote;
y la muerte, de ilusión,
se olvidó de su garrote.
Mateo y la lotería
Mateo, en la lotería,
pone frijol al cartón;
no hay quien gane, todavía,
ni el más vivo del salón.
Salió la carta La Muerte
y en persona se paró:
-Ya salí, cambió tu suerte,
y el cartón se te acabó.
Mateo, sin inmutarse,
la tapó con un frijol;
no la dejó levantarse
ni al calor del mero sol.
Cantó el cartón, y ganó
la partida y el sombrero;
la Catrina se quedó
de mirona, sin dinero.
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