Calaveritas literarias para Margarita

A Margarita todos le dicen Mago, y no por brujerías sino por pura costumbre. La Catrina ya se aprendió los dos nombres y con los dos la anda buscando. Aquí van sus calaveritas, para leerse fuerte y sin pena.

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Margarita y el cuento

Margarita va a la escuela con su moño colorado; canta, salta y hasta vuela y no pierde ni un recado. Se metió la calavera por la puerta del salón: -Margarita, la primera, ya te toca, corazón. -Espere -pidió la niña-, que hoy nos toca la lectura; y en el libro hay una viña con un cuento de aventura. La calaca se sentó a escuchar aquel relato; tanto le gustó que armó su club de lectura un rato.

Mago, la que todo sabe

Mago, la que sabe todo, la que arregla a cada modo; la que llama en la mañana nomás porque le da gana. Vino la flaca a tu puerta y te encontró bien despierta; le pusiste café y pan como a cualquier holgazán. Se quedó de sobremesa y olvidó lo de la empresa; le contaste de la vida y de tu ropa tendida. Se durmió en la mecedora y durmió como señora; despertó desconcertada y se fue de madrugada.

Las cuentas de Margarita

Margarita saca cuentas de facturas y de rentas; se le metió a la oficina la mismísima Catrina. -Necesito una asesora porque debo desde ahora; me cobraron mil impuestos por mis muertos y mis puestos. Margarita abrió el sistema y encontró el mero problema; traía la cuenta errada desde el año de la nada. Le acomodó los papeles y sus números tan crueles; y la flaca quedó a mano, hoy trabaja de escribano.

El mantel de Mago

Mago borda servilletas con sus hilos y agujetas; llegó la flaca a pedir un mantel para servir. -Bórdeme usted un mantel con mi nombre y mi cartel; que lo quiero bien bonito y con hilo doradito. Mago bordó día y noche sin descanso y sin reproche; puso flores, puso un gato y a la muerte con su plato. Se miró la calavera en el mantel, tan entera; le dio pena hasta estrenarlo y prefiere custodiarlo.

El agua fresca de Mago

Mago vende agua de horchata, de jamaica, y muy barata; llegó la flaca sedienta de una calor bien violenta. -Sírvame un vasote doble que ando seca y no soy noble; traigo el hueso hecho un desierto desde el lunes, se lo advierto. Mago le sirvió una jarra y la flaca bien la agarra; se tomó cuatro seguidas sin pagar ni las medidas. Le entró un frío por el hueso y quedó tiesa por eso; hoy le mueve la cuchara y hasta el hielo le prepara.

Mago pone a bailar

Mago da clase de zumba y hasta el suelo le retumba; llegó la flaca al gimnasio con su paso muy despacio. -Vengo a ver si me acomodo que ya crujo por el codo; traigo todo el hueso tieso y me falta buen progreso. Mago la puso a brincar y a sudar sin descansar; la calaca, al tercer tema, ya rogaba: -Qué problema. Se le zafaron dos huesos por andar en los excesos; hoy descansa en la banquita y nomás bebe su agüita.

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